Quien Bien Distingue, Bien Enseña: Biblicismo y Bereanos
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¿Distinguimos?
Biblicismo, Fantasmas, y Bereanos
De: Cristo: Su Alcance y Cetro — por Roberto Gazga
Introducción: Las Disputas en las Redes Sociales y el Problema del Biblicismo
Las disputas entre cristianos en las redes sociales pueden resultar divertidas... hasta que dejan de serlo. Cuando los ánimos se encienden, lo que se pone en tela de juicio es la inteligencia, la integridad o la ortodoxia de alguien. Cuando los ánimos se calman, se nos dice que mantengamos los debates centrados en las doctrinas, no en las personas. Sin embargo, el espíritu de partido es difícil de evitar. Incluso invadió a la iglesia primitiva cuando varias facciones en Corinto proclamaban: «Yo soy de Pablo», «yo soy de Apolos», «yo soy de Cefas», «yo soy de Cristo». Lo mismo puede observarse en los debates sobre el tema, innecesariamente exasperante, del biblicismo.
El tema del biblicismo ha vuelto a encenderse en años recientes y no da señales de apagarse tranquilamente. En su mayor parte he evitado participar en tales debates y discusiones en línea, pues han sido abordados por diversos autores, pastores y laicos hasta la saciedad. Hemos llegado al punto en que blogs, videos y podcasts hacen referencia frecuente al biblicismo como un contraste con el confesionalismo, y en ocasiones malinterpretan ambos. Irónicamente, los anti-biblicistas generan más calor que luz en sus tratamientos del biblicismo, y debatirlo no siempre resulta provechoso. ¿Qué es el biblicismo y por qué importa?
Según el diccionario Merriam-Webster, el biblicismo denota «adhesión a la letra de la Biblia», y su primer uso registrado data de 1805, aunque sin citar fuente alguna. A partir de esta definición básica, no puede derivarse de manera obvia ni justa ninguna connotación positiva o negativa. Por el contrario, muchos teólogos y eruditos bíblicos evangélicos lo definen de manera que adquiere connotaciones decididamente negativas, cuando no denotaciones.
Un ejemplo es Michael F. Bird, quien define y describe el biblicismo del siguiente modo:
El biblicismo es un enfoque que considera la Biblia como la fuente exclusiva para formular la fe y la práctica cristiana, con un rechazo explícito de la necesidad del trasfondo histórico, de la sabiduría proveniente de la tradición más amplia, del reconocimiento de la influencia del propio contexto cultural y de las perspectivas externas al grupo; y que, sin embargo, inconscientemente sustituye el trasfondo histórico por figuras históricas veneradas, ensaya su propia tradición, reifica ciertos valores culturales y refuerza las fronteras internas del grupo.⁴⁴
Otro ejemplo proviene del blog The Heidelblog, que observa:
El biblicismo no es el intento de ser fiel a las Escrituras, es decir, de ser bíblico. Antes bien, en su forma extrema, el biblicismo es el intento de leer las Escrituras en aislamiento: en aislamiento del resto de las Escrituras y en aislamiento de los credos ecuménicos y las confesiones producidas por las diversas iglesias. Es el intento de interpretar las Escrituras como si nadie las hubiera leído antes. Intenta interpretarlas al margen de la historia de la iglesia y, en especial, de la historia de la interpretación. Es el intento de interpretarlas al margen de la teología sistemática o independientemente de uno o más de los demás departamentos de la teología, como la teología práctica.⁴⁵
Si estas definiciones negativas son el estándar de oro, los creyentes que son deliberadamente confesionales —quienes adhieren a declaraciones detalladas de las principales doctrinas bíblicas resumidas en un sistema, como los Treinta y nueve Artículos, la Confesión de Fe de Westminster o la Segunda Confesión de Fe Bautista de Londres— no pueden, en términos coherentes, ser biblicistas. Al fin y al cabo, los cristianos confesionales abrazan con entusiasmo la sabiduría y las resoluciones de quienes nos precedieron, esa gran nube de testigos interpretativos cuyos zapatos no somos dignos de desatar. Sin embargo, antes de que el calvinista confesional quede satisfecho, sería provechoso poner a prueba el significado negativo y peyorativo del biblicismo. Después de todo, si se reconoce el biblicismo en su forma extrema, ¿no sería posible que existiera un biblicismo en forma no extrema o no peyorativa?
Profundizando un Poco Más
Cualquiera que sea la perspectiva de protestantes, evangélicos o calvinistas confesionales sobre cómo definir y describir el biblicismo, un enfoque que favorece la aseveración más que el argumento, y los peyorativos más que las premisas, parece poco fructífero. Esto puede resultar sumamente difícil para algunos, dada la función axiomática que cumple el biblicismo como término exclusivamente peyorativo.⁴⁶ En pocas palabras: el biblicismo es el fantasma del armario.
En su libro de reciente publicación, The Reformation as Renewal [La Reforma como Renovación], el Dr. Matthew Barrett diagnosticó el biblicismo mediante un conjunto de «síntomas» y señaló que su supuesto primer uso como peyorativo data de 1827,⁴⁷ sin indicar que dicho empleo fue obra de un sacerdote católico romano.⁴⁸ Irónicamente, Barrett siguió el camino del sacerdote al emplear la metáfora de la enfermedad: el sacerdote describió el biblicismo como una dolencia que se «contagiaba» y se «propagaba». Esta omisión de la identidad del autor como sacerdote católico romano es de vital importancia, dado que la apologética romana común contra la sola scriptura fue, a partir de ese momento, peyorativamente etiquetada como «biblicismo».⁴⁹ Conviene recordar, no obstante, que para la Iglesia Católica Romana las Escrituras canónicas por sí solas no alcanzan el rango de Palabra de Dios a menos que se correlacionen o conjuguen con la Tradición, de modo que la posición protestante resulta inconcebible desde el principio. Debemos distinguir.
¿Pero acaso el primer uso derogatorio o peyorativo de un término determina su uso futuro para todas las personas y para siempre? El término cristiano, por ejemplo, fue originalmente empleado por infieles para identificar a los creyentes y perseguirlos por querer imitar a Cristo: «Míralos, son pequeños Cristos». Los primeros cristianos, gracias a su santa audacia, abrazaron el término cristiano como una insignia de honor. Y creyentes de toda orientación, biblicistas y confesionalistas por igual, han sido conocidos como cristianos durante dos milenios. Lo que los infieles pensaron para mal, los creyentes sencillos lo tomaron para bien. Esta estrategia de tomar una etiqueta peyorativa y adoptarla ha sido repetida a lo largo de la historia cristiana. Considérense los siguientes términos —todos creados para ofender, todos adoptados por sus adherentes por diversas razones
:
- Luterano
- Calvinista
- Protestante
- Puritano
¿Y si algunos creyentes sinceros, sabiendo que el uso peyorativo del biblicismo proviene de la apologética romanista contra la sola scriptura, quisieran adoptar esa etiqueta? Si el biblicismo es en sí mismo ingenuo o algo peor, hay que demostrarlo. Para consternación de algunos creyentes de orientación académica y sus entusiastas seguidores —principalmente en línea—, estos biblicistas confesionales lo consideran virtuoso tanto intelectual como devotamente. ¡Absolutamente temerarios!
Al parecer, existen versiones del biblicismo que son perfectamente bíblicas y confesionales, de modo similar a como hay versiones del libre albedrío y del determinismo que son bíblicas y confesionales a pesar de las protestas en contrario. Al fin y al cabo, ¿no existen versiones de la «tradición» perfectamente coherentes con el protestantismo clásico? Roma puede tener derechos de autor sobre la Tradición con mayúscula, pero no sobre la tradición con minúscula. ¿Y si algunos creyentes sinceros —sean cultos o sencillos— abrazan la etiqueta de biblicista como una expresión intuitiva y natural de su fe en las preciosas promesas de Dios halladas en la Biblia?
Isaías 66:2 dice: «Mas a este miraré: al humilde y a quien tiene el espíritu contrito, y que tiembla a mi palabra». Este temblar ante la Palabra de Dios es, como comenta Matthew Henry, «una reverencia habitual ante la majestad y la santidad de Dios, y un temor habitual de su justicia e ira. Un corazón así es un templo vivo para Dios. Él mora allí, y es el lugar de su reposo. Es como el cielo y la tierra, su trono y su estrado».⁵⁰ Así pues, temblar ante la Palabra de Dios equivale a temblar ante el propio Dios.
¿Qué motivaría a alguien —pastoral, lógica o bíblicamente— a disuadir a otro de este tipo de biblicismo? Ciertos pastores, con sensibilidades particulares, están dispuestos a ir más allá de las metáforas de enfermedad mencionadas y apuntar directamente a la yugular, equiparando el biblicismo con una «idolatría de la letra» de las Escrituras.⁵¹ ¿Qué puede significar eso cuando nuestro Señor Jesucristo mismo dice que «las palabras que yo os he hablado son espíritu y son vida» (Juan 6:63)? Lo literal es lo espiritual, y viceversa, cuando se trata de la Biblia. ¿Acaso los maestros de teología dan el debido respeto a la elevación que nuestro Señor hace de la Palabra de Dios? Temo por quienes no lo hacen.
Sin embargo, el diablo está en los detalles de cómo aplicar esto en los debates sobre el biblicismo versus el confesionalismo. ¿Quién es más bíblico: el biblicista no confesional, el confesionalista no biblicista o el biblicista confesional? Lo sé: las cabezas están a punto de estallar. Pero debemos distinguir, ¿verdad? Más fácil decirlo que hacerlo.
¿Definir y Refutar el Biblicismo?
Los opositores recientes al biblicismo han tenido éxito variable al ofrecer definiciones de aquello que combaten, en gran parte porque confunden sus verdaderos orígenes. Permítaseme mencionar algunos ejemplos.
El Instituto Davenant produjo un video titulado «¿Es malo el biblicismo?», en el que Alistair Roberts definió el biblicismo como «esa elevación de la Biblia a un nivel tan alto que oscurece otras cosas que necesitamos tener en cuenta».⁵² Sin embargo, debe señalarse que el Dr. Roberts prefació su definición reconociendo el Cuadrilátero de Bebbington, en el que el biblicismo es simplemente uno de los cuatro rasgos distintivos del evangelicalismo, que denota la manera en que los evangélicos expresan su compromiso teológico último.⁵³
La cuádruple clasificación del evangelicalismo de David Bebbington comprende cuatro rasgos —en un sentido no peyorativo y «fenomenológico»:⁵⁴
- Conversionismo
- Activismo
- Crucicentrismo
- Biblicismo
Por tanto, si el biblicismo queda irrefutablemente demostrado como teológicamente peyorativo y sociológicamente aceptable (o al menos neutral), esto plantea la pregunta: ¿convierte eso al evangelicalismo en una torre de Jenga a punto de derrumbarse? Quizás sí, si aceptamos el sentido peyorativo del biblicismo.
Volvamos a la definición de Roberts. ¿Es siquiera posible elevar la Biblia a un grado y nivel inaceptablemente alto? El autor divino y humano del Salmo 119 —el capítulo más extenso de la Biblia, dedicado a la Biblia misma— podría no estar de acuerdo. Un pasaje más breve se encuentra en el Salmo 138:2. David eleva notablemente las apuestas biblicistas y parecería arruinar la causa del anti-biblicismo, o al menos de la definición de Roberts: «Porque has engrandecido tu nombre, y tu palabra sobre todas las cosas».
Se supone que los cristianos somos el pueblo del libro. Dado que el propio Dios ha engrandecido su Palabra, parecería eliminar la posibilidad de que esta oscurezca cualquier cosa que valga la pena. Todos los creyentes deberían elevar la Biblia al máximo grado posible. Nuestros problemas nunca parecen ser una supuesta idolatría de la letra, sino una negligencia o sustitución de la misma.
Roberts intenta hacer un punto curioso cuando aduce el silencio de la Biblia sobre un determinado tema para ilustrar la supuesta existencia de una laguna ética en la Palabra de Dios. De manera bastante desconcertante, Roberts afirma que la Biblia guarda silencio sobre la necrofilia. ¿Es esto simplemente un impulso académico para marcar puntos con los seguidores anti-biblicistas a nivel popular? No creo que la tarea probatoria del anti-biblicismo se vea bien servida con este tipo de evidencia o argumentación.
Génesis 1 y 2 tiene algo que decir sobre el sexo, el matrimonio y la fecundidad. Además, la plenitud del significado del matrimonio revelada en el Nuevo Testamento tiene implicaciones para la profanación de los cuerpos que implica la necrofilia. La definición de biblicismo de Roberts no especifica en qué sentido la elevación de la Biblia llevará necesariamente a oscurecer, por ejemplo, la ley natural o temas éticos como el ejemplo de la necrofilia.
De hecho, encuentro que todo este enfoque es una degradación deshonesta, no digna de un debate serio. En política, el primero que menciona a Hitler pierde. En ética cristiana, el que afirma que la Biblia no determina si la necrofilia es lícita, también pierde. La necrofilia puede ser abordada de manera razonablemente bíblica y confesional como una práctica pecaminosa mediante una exposición cabalmente reformada de la ley moral de Dios. Todo lo que quede fuera del ámbito de las prácticas sexuales lícitas es pecaminoso, ya sea que esté explícita o solo implícitamente en las Escrituras. Quien crea que la Biblia guarda silencio sobre algún asunto moral debería reflexionar con mayor detenimiento.
Más aún, el silencio bíblico no debe equipararse con la ausencia de un versículo explícito que aborde directamente un asunto particular. Al fin y al cabo, incluso los cristianos no confesionales creen en la Trinidad por «buena y necesaria consecuencia» —o como se prefiere formularlo, como algo «necesariamente contenido» en las Escrituras, tal como establece la Segunda Confesión de Fe Bautista de Londres.
Los Sadúceos, el Señor Jesús y el Silencio Bíblico
Hablando de buena y necesaria consecuencia —o de lo que está necesariamente contenido en las Escrituras—, los saduceos argüyeron en cierta ocasión de manera similar a Alistair Roberts, según registra Mateo 22:23-33. Intentaron obtener puntos a favor cuestionando al Señor Jesús con un dilema sobre la resurrección. Estaban bajo la falsa impresión de que Jesús era un hombre poco sofisticado, ignorante, ingenuo y poco bíblico.
Dado que los saduceos consideraban que Moisés guardaba silencio sobre la vida después de la muerte y una futura resurrección corporal, plantearon una reductio ad absurdum: lo hicieron sobre la base de su noción del silencio de la revelación especial respecto a la resurrección. ¿De quién sería esposa una mujer en la resurrección si sus siete maridos anteriores eran hermanos y habían muerto sucesivamente? El Señor Jesús extrae dos conclusiones válidas del supuesto silencio bíblico, combatiendo así la superficialidad bíblica más que el silencio en sí.
En primer lugar, el propósito y la función del matrimonio se cumplen en esta vida terrenal, por lo que suponer que el matrimonio continúa en la resurrección es un error. ¿Por qué asumir eso? En segundo lugar, los saduceos no leyeron correctamente las Escrituras por no leerlas ni atenta ni canónicamente, pues una declaración divina central establecía la verdad de la resurrección: «Yo soy el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob». El Logos, Jesús, extrae la implicación lógica válida de que Dios no es Dios de los muertos sino de los vivos. Pareciera que la necesidad de la resurrección viene exigida por el tiempo presente del verbo soy en la declaración de Dios en relación con Abraham, Isaac y Jacob. Déjese a Jesús ofrecerles un hueso biblicista en su kebab. Y eso con respecto a la idolatría de la letra.
Las Definiciones de Steffaniak: ¿Biblicismo Duro y Suave?
Jordan Steffaniak, del London Lyceum, ofrece otra refutación reciente del biblicismo. ¿Es más exitoso que Alistair Roberts del Instituto Davenant? Steffaniak describe el biblicismo como «un amor desordenado» con efectos inevitablemente «corrosivos» tanto para la fe como para la práctica.⁵⁵ Las descripciones, sin embargo, son más fáciles que las definiciones. De hecho, Steffaniak confiesa —el doble sentido es intencional— que existen «varias maneras en que el biblicismo podría definirse». ¡Este es el meollo del asunto! Como hemos visto, el biblicismo tiene una definición peyorativa consistente en el ámbito católico romano, motivada por un interés apologético anti-Sola Scriptura. Pero el uso protestante en el siglo XIX evolucionó desde el neutro y el positivo hasta el peyorativo —posiblemente debido al abandono creciente del confesionalismo y al aumento de las tradiciones no confesionales.
El biblicismo hoy en día no goza de una definición estándar como sí la tienen otros términos, como infralapsariano o supralapsariano, por ejemplo. Y aunque el infra y el supra unidos al lapsariano significan algo objetivamente, la misma deferencia no se le concede al biblicismo. ¡La raíz bibl está ahí mismo, al inicio de la palabra! ¿Por qué recibirla con los brazos cruzados?
Steffaniak ofrece la siguiente definición: «Las Escrituras son autoritativas para todos los conceptos de Dios (y cualquier otro lugar teológico, como la moral, la antropología, etc.). Por lo tanto, los compromisos teológicos deben surgir únicamente de las Escrituras y ser coherentes con ellas. La intuición, el credo, la confesión, la tradición o cualquier otra fuente es incompatible con la supremacía de las Escrituras».⁵⁶ Añade además que «esta versión dura del biblicismo tal como aquí se define es imposible», pues no permite ningún aporte extra-bíblico para la construcción teológica si se pretende mantener fielmente la supremacía y suficiencia de las Escrituras.⁵⁷
Así pues, la característica distintiva clave del biblicismo frente a la genuina sola scriptura es el significado y la aplicación del calificador solo. Por el momento, dejaré de lado la representación que hace Steffaniak del papel que la intuición, el credo, la confesión, la tradición y similares podrían desempeñar en una genuina visión de la sola scriptura. Lo importante es que, para Steffaniak, el biblicismo excluye esas cosas extra-bíblicas incluso como autoridades subordinadas bajo la Escritura como autoridad suprema.
El Problema Lógico del Argumento Anti-Biblicista
En el proceso de arrinconar al oponente en una disputa, uno debe asegurarse de calzar el zapato adecuado para evitar mancharse de pintura. De lo contrario, puede resultar algo así como una victoria pírrica. En otras palabras, es preferible no atribuir a un argumento más de lo que puede sostener.
Steffaniak afirma que un problema insuperable del biblicismo, tal como él lo define, es que dado que «es inviable derivar cualquier concepto teológico de las Escrituras sin un medio secundario aparte de las Escrituras mismas», entonces incluso la teología «no puede hacerse». Steffaniak extiende la pintura proverbial al empujar a su oponente biblicista hacia el rincón, afirmando que incluso «la lectura básica del texto y la formación de una idea a partir de él es en sí misma algo externo a las Escrituras». Por lo tanto, concluye, «nadie puede adherirse de manera coherente al biblicismo, porque el biblicismo mismo es un concepto teológico derivado racionalmente de las Escrituras, y resulta por tanto inaceptable como teoría sobre la base de su propia premisa. Más aún, semejante visión de la teología es inconsistente con la propia visión de las Escrituras».⁵⁸
Nadie es infalible. A pesar de las buenas intenciones, no siempre es posible desplegar el «pensamiento serio para una iglesia seria», como reza el lema del London Lyceum. Creo que el argumento de Steffaniak no es tan sólido ni tan convincente como él imagina, al menos desde la perspectiva de, digamos, un biblicista confesional.
Pueden hacerse muchas observaciones críticas, pero quiero centrarme en ciertos detalles. En la medida de mis posibilidades, el argumento de Steffaniak puede destilarse de la siguiente manera:
Premisa 1: El biblicismo sostiene que siempre es viable derivar conceptos teológicos únicamente de las Escrituras, sin medios secundarios tales como la razón, los credos o incluso el acto mismo de leer para formar ideas en la contemplación de las Escrituras.
Premisa 2: Es inviable derivar cualquier concepto teológico únicamente de las Escrituras sin tales medios secundarios —incluido el acto de leer—, porque estos serían distintos de las Escrituras mismas.
Conclusión: Por lo tanto, dado que la idea del biblicismo debe derivarse de la lectura de las Escrituras, resulta incoherente en términos autoreferentes y no puede sostenerse de manera viable.
La Premisa 1 es una proposición que combina lo que el biblicismo afirma con lo que el biblicismo implica, y por tanto asume lo que aún debe probarse. Esta es la falacia de petición de principio. Steffaniak explica que el acto de leer es un medio secundario de conocimiento o adquisición de saber que no deriva de las Escrituras mismas. Afirma que «el razonamiento contemplativo es una parte esencial de la teología si deseamos hacer algo más que la mera repetición literal de las Escrituras en la que el biblicismo nos encerraría».⁵⁹ El biblicista confesional no concedería esta implicación, sino que simplemente sostendría que la lectura, como la razón misma, es simplemente el modo en que Dios ordenó que los portadores de su imagen entraran en contacto con la revelación especial divina en forma textual. Dios diseñó y causó la inspiración verbal y plenaria de las Escrituras para que encajaran en nuestras facultades cognitivas como manos en guantes. En principio, la adecuación del lenguaje humano ha sido unida a nuestras facultades cognitivas suficientemente para el propósito que Dios le asignó. Por lo tanto, no es evidente —ni mucho menos está probado— que el acto de leer sea incompatible con la viabilidad de derivar conceptos teológicos únicamente de las Escrituras.
Dicho esto, la Premisa 2 pareciera insistir en requerir los llamados medios secundarios más allá de las Escrituras para la labor teológica. Basta con proporcionar un ejemplo o instancia de derivación de un concepto teológico únicamente a partir de las Escrituras sin un medio secundario, aunque dicha labor teológica se atribuya al simple acto de leer. ¿Dónde debe buscar el biblicista confesional? ¡Preguntarlo es responderlo!
La respuesta al biblicismo hipotético de Steffaniak se encuentra en ofrecer contraejemplos provenientes de las mismas Escrituras, incluyendo —aunque no limitándose a— el modo en que las Escrituras atestiguan cómo los apóstoles y el Señor Jesús teologizaron. El problema es que la Premisa 2 parece formularse a partir de una supuesta verdad evidente por sí misma. Si alguna vez llegara a encontrar a un biblicista según la definición de Steffaniak, no haría la afirmación de la Premisa 2 que hace Steffaniak. En cambio, ofrecería una respuesta marcadamente protestante, evangélica, confesional y —me atrevo a decirlo— biblicista.
Romanos 4:3 dice: «Porque ¿qué dice la Escritura? Creyó Abraham a Dios, y le fue contado por justicia». Y continuando con los versículos 6 y 7: «Como también David describe la bienaventuranza del hombre a quien Dios imputa justicia sin obras: Bienaventurados aquellos cuyas iniquidades son perdonadas». Romanos 4, donde Pablo argumenta a favor de la justificación solo por fe, refuta la Premisa 2 de Steffaniak en lo que respecta al biblicismo confesional. ¿Por qué? Porque el apóstol Pablo derivó el concepto teológico y la conclusión de la justificación por sola fe a partir del relato del Antiguo Testamento en Génesis 15 y del poema del Salmo 32.
No solo puede ser viable este tipo de labor teológica, sino que también debemos recordar por parte de quiénes debe sostenerse de manera viable. La audiencia de Pablo en la iglesia de Roma no era sofisticada ni filosóficamente inclinada. Entre ellos había:
- Comerciantes
- Pobres y humildes
- Analfabetos
- Quizás hasta esclavos
No todos los miembros podían leer las Escrituras por sí mismos, pero ciertamente todos las escuchaban leer colectivamente y predicar públicamente en los cultos de adoración del día del Señor. No lo olvidemos: «La fe viene por el oír, y el oír, por la palabra de Dios».
Dado que todos podemos viablemente teologizar a partir de las Escrituras, nos identifiquemos o no como biblicistas, sirve de poco demarcar el supuesto biblicismo mediante una definición tan estricta con tan poca reflexión práctica en la realidad. El protestantismo es famoso por teologizar a partir de la Sola Scriptura en lo que respecta a la justificación, ¿verdad? ¿Y a la perspicuidad de las Escrituras, correcto? La Premisa 2 de Steffaniak postula demasiado para el biblicista confesional. Teologizar para el biblicista confesional no hace al protestantismo incoherente en términos autoreferentes.
El Biblicismo «Suave» y el Problema de la Prioridad Temporal
Al percibir que esta definición inicial de una versión dura del biblicismo es difícil de mantener por parte de un biblicista imaginario —un fantasma en algún lugar—, Steffaniak ofrece una «ruta más matizada hacia un marco biblicista».⁶⁰ Esta definición más matizada de un biblicismo más suave rechaza que la labor teológica deba realizarse apelando únicamente a las Escrituras, pero sí otorga primacía a las Escrituras antes que a otras fuentes secundarias. Define esta forma matizada y más suave del biblicismo de la siguiente manera:
Las Escrituras son autoritativas para todos los conceptos de Dios (y cualquier otro lugar teológico, como la moral, la antropología, etc.). Por lo tanto, los compromisos teológicos deben surgir primero de las Escrituras y ser coherentes con ellas. La intuición, el credo, la confesión, la tradición o cualquier otra fuente es incompatible con la supremacía de las Escrituras si se entienden como temporalmente anteriores a las Escrituras.⁶¹
Al final, esta definición de una forma más suave del biblicismo que enfatiza la prioridad temporal también puede refutarse. En la experiencia de la mayoría de los creyentes al encontrarse con las Escrituras, sus compromisos teológicos nacen necesariamente de la prioridad temporal de cualquier porción de las Escrituras a la que estén expuestos. Puede que no sea su principio, sino simplemente su práctica. Una vez más, la mayoría de los creyentes son personas comunes, no seminaristas ni filósofos.
La segunda definición de Steffaniak plantea la necesidad de distinguir además entre biblicistas de jure y biblicistas de facto. Concluye citando con aprobación a Michael Allen y Scott Swain, quienes describen el biblicismo en última instancia como el «hijo bastardo amamantado en el seno del racionalismo moderno y el individualismo».⁶² El debate escaló con rapidez. Irónicamente, en el artículo inmediatamente siguiente de la misma publicación en que aparece la evaluación negativa de Steffaniak, el entrevistado describe el biblicismo como «la convicción protestante de la sola scriptura: que solo la Biblia es la autoridad final para la fe y la práctica cristiana», y coincidiendo con David Bebbington en que «el biblicismo pretendía enfatizar que los evangélicos son cristianos ortodoxos».⁶³
El Biblicismo en Perspectiva: Montaña o Hormiguero
La realidad parece reflejar que el biblicismo es tratado como una montaña en lugar de reconocerse como el hormiguero que realmente es. No solo deben los creyentes maduros ser capaces de distinguir correctamente entre doctrinas sanas e insanas, sino que también deben distinguir entre los distintos niveles de capacidad de enseñanza de las personas. Al biblicista convencido que orgullosamente proclama «¡Ningún credo sino Cristo!» se le puede corregir fácilmente. Si el creyente nuevo muestra sensibilidades biblicistas duras o suaves, no debe ser mirado como peligroso ni como alguien gravemente equivocado. Las mejores prácticas pastorales parecerían requerir que el creyente más maduro lo trate con respeto, como se trataría a un nuevo convertido del primer siglo si uno se transportara a esa época. Un creyente sencillo con una Biblia en mano, el Espíritu Santo en el corazón y pastores y maestros pacientes puede poner el mundo al revés. Si eso es todo lo que tiene, lo tiene todo. Sí, hay crecimiento en la escuela de Cristo.
«¡Ningún credo sino Cristo!» puede haber sido un eslogan conocido de ciertas denominaciones de antaño, pero hoy principalmente lo escucho de parte de ciertos académicos y sus seguidores que repiten puntos anti-biblicistas preempaquetados. Y como se mencionó, estos puntos ni siquiera aciertan en el origen o uso del término ni en sus modificaciones posteriores. En otras palabras, los postes de la portería del biblicismo siguen moviéndose.
¿Puede imaginarse la inadecuación de estos argumentos ante el biblicista ingenuo y sincero que necesita instrucción? Si usted conoce a algún biblicista no denominacional, de santidad, de las Asambleas de Dios, de la Iglesia Libre o bautista de los de toda la vida, ¿no sería más honroso para Dios y más fructífero razonar y leer las Escrituras con él? El creyente sincero puede tener tendencias «biblicistas» y ser anti-confesional. Escucha argumentos que descienden al ataque personal y se pregunta por qué se supone que esto refuta el biblicismo de manera contundente. ¿Es que los confesionalistas, se preguntarán, no saben nada de Pablo y los bereanos?
Es como si algunos reformados y bautistas reformados —mi propia tradición— no recordaran haber sido arminianistas populares ellos mismos y haber llegado a aceptar las doctrinas de la gracia —los llamados cinco puntos del calvinismo— tras mucha lucha. Lamentablemente, hay demasiados confesionalistas profesantes que no se molestan en respetar al creyente extraviado que opera bajo suposiciones antibíblicas, como la de aferrarse únicamente a declaraciones explícitas de las Escrituras.
Una estrategia reciente entre los activistas medioambientales es acusar de «homicidio climático». Están imputando a las compañías petroleras la responsabilidad por eventos climáticos extremos, el aumento del nivel del mar, etc. Pero esta acusación se basa en la llamada «ciencia de atribución», que postula conexiones no debatibles entre determinadas acciones humanas y ciertos efectos medioambientales. En este punto, algunos bautistas reformados están adoptando involuntariamente este enfoque: una especie de «teología de atribución» que afirma que el biblicismo lleva a Roma.⁶⁴ ¡Oh, ironía de ironías! Sofei Finngan hubiera deseado que así fuera. Me temo que esto no es más que un intento vacío de hacer alarde de una teología supuestamente superior. Es más una non sequitur que una virtud.
Conclusión: Bereanos Confesionales
Si a estas alturas, estimado lector, no está más cerca de una definición técnica estándar del biblicismo acordada por todas las partes, significa que las partes involucradas están hablando en lenguas distintas. El biblicismo es un fantasma equívoco, pero fantasma al fin. Por eso yo prefiero el término bereano. Es bíblico y encaja cómodamente con mi calvinismo confesional.
Durante uno de los viajes misioneros del apóstol Pablo a Europa, predicó ante un grupo de griegos del norte. Con toda probabilidad eran gentiles convertidos al judaísmo, conocidos como temerosos de Dios. Asistían a una sinagoga local cuando Pablo los visitó, como era su costumbre al viajar para predicar el evangelio. Pablo predicaba a Jesús a partir de las Escrituras del Antiguo Testamento y, en lugar de cerrarse al mensaje de Pablo, estos ejercieron una nobleza o imparcialidad al escudriñar las Escrituras diariamente por sí mismos. ¿Por qué? Para verificar si las cosas que Pablo predicaba eran ciertas. Pablo razonaba con ellos a partir de las Escrituras con el propósito de persuadirlos acerca de la persona y la obra de Jesús. Los bereanos «recibieron la palabra con toda solicitud» (Hechos 17:11). ¡Examinad los espíritus!
Comenzamos ofreciendo algunas definiciones y descripciones actuales del biblicismo. Aprendimos que era utilizado comúnmente, aunque no originalmente, como un enfoque romanista para ridiculizar el principio formal del protestantismo. Aunque se cita frecuentemente sin revelar su identidad y condición como sacerdote católico romano, el biblicismo como tal solo puede ser peyorativo, ya que equivale simplemente al término protestante sola scriptura. Sin embargo, a muchos protestantes confesionales actuales que defienden con fervor el uso peyorativo del biblicismo parece no ocurrírseles que el término fue originalmente neutro o positivo. El uso común posterior tuvo que cambiar de una definición neutra o positiva a una peyorativa para su empleo apologético católico romano contra la Sola Scriptura.⁶⁵ Si los apologistas, autores y sacerdotes católicos romanos del pasado gozaron del privilegio de redefinir términos en su favor y para su uso, ¿por qué no puede hacerlo cualquier otro? ¡Qué horror de horrores si algunos calvinistas confesionales quisieran recuperar el término biblicismo! Parece que la arrogancia cronológica es una calle de doble sentido. Después de todo, el abuso de un término no anula su uso correcto. Los biblicistas confesionales se sienten muy cómodos con otros términos y conceptos como Regla de Fe, catolicismo y catolicidad, por nombrar algunos. El biblicismo no sería diferente. Debemos distinguir correctamente.
Los calvinistas confesionales de piel gruesa como yo bostezamos cuando nos llaman «hipercalvinistas» personas de otras tradiciones protestantes o evangélicas. Añadir un peyorativo más como biblicista no nos inmuta. Es cuestión de actitud: si no me molesta, no importa.
A modo de recuento, hemos recorrido el siguiente camino:
- El origen del término. Aprendimos que el biblicismo era utilizado comúnmente —aunque no originalmente— como un enfoque romanista para ridiculizar el principio formal del protestantismo. Aunque se cita frecuentemente sin revelar la identidad de su autor como sacerdote católico romano, el biblicismo como tal solo puede ser peyorativo en ese uso, ya que equivale simplemente al término protestante sola scriptura.
- El Instituto Davenant. Su definición no fue la peor. Tuvo la virtud de ser cortés, aunque se desvió con el ejemplo de la necrofilia. Al menos reconocen el Cuadrilátero de Bebbington, en el que el biblicismo fue utilizado de manera no peyorativa. Con la lengua bien plantada en la mejilla: Bebbington puede no tener la última palabra sobre la historia de la iglesia evangélica, pero tiene más autoridad que el sacerdote católico romano Finngan —aparente originador del uso peyorativo del término.
- Las definiciones de Steffaniak. Discutimos sus versiones dura y suave del biblicismo. Creo haber demostrado que un biblicista que se precie puede evitar eficazmente ser arrinconado, y quizás simultáneamente haber mostrado que Steffaniak tampoco puede evitar ser salpicado y manchado de pintura.
- La «teología de atribución». Echamos una brevísima mirada de soslayo a la estrategia popular que simplemente afirma que el biblicismo conduce a Roma. Eso es teología de atribución, y es también la mayor de las ironías, dado que Sofei Finngan aparentemente originó el uso peyorativo del término siendo sacerdote católico romano.
El biblicismo debe ser absuelto de cometer algún crimen horrendo. El biblicismo confesional puede mantenerse erguido. No necesita ser puesto en cuarentena como una dolencia contagiosa. Histórica y teológicamente, quien bien distingue, bien enseña.
Epílogo: Las Palabras como Cuerpos de Agua
Las palabras son como cuerpos de agua: inspiran o infunden temor. Los océanos pueden ser tranquilos o encolerizarse violentamente. Los lagos pueden nutrir o contaminarse. Los ríos pueden fluir apaciblemente o causar destrucción. El biblicismo exhibe la vida de un río. Me enseñaron que los ríos nacen de una fuente elevada. Desde allí, la gravedad y la fuerza de su movimiento hacia adelante les dan su forma, tamaño y profundidad. Debido a esos factores, con el tiempo la erosión hace que la forma y la dirección se tuerzan y se curven. Eventualmente, los ríos se curvan tanto que se vuelven oblongos y casi se tocan. A partir de ese punto, finalmente se unen y vuelven a ser rectos.
Cuando se define de manera derogatoria, el biblicismo es como el río Ganges. Cuando se define de manera confesional reflejando el propio testimonio de la Biblia sobre sí misma, el biblicismo es como el Río de Vida: puro, claro, que procede del trono de Dios y del Cordero (Apocalipsis 22:1). Bíblicamente considerado, que este tratamiento del tema traiga a los lectores un beneficio duradero.
«Recuérdales esto, exhortándoles delante del Señor a que no contiendan sobre palabras, lo cual para nada aprovecha, sino que es para perdición de los oyentes».
— 2 Timoteo 2:14
Notas al Pie
- Merriam-Webster, s.v. «Biblicism», consultado el 5 de febrero de 2024, https://www.merriam-webster.com/dictionary/biblicism.
- Michael F. Bird, «What Is Biblicism», Euangelion (blog), 14 de agosto de 2020, http://www.patheos.com/blogs/euangelion/2020/08/what-is-biblicism/.
- R. Scott Clark, «Resources on Biblicism», The Heidelblog, https://heidelblog.net/biblicism/.
- Un ejemplo representativo de la afirmación de que el biblicismo siempre ha sido un término peyorativo que describe una idea y práctica que debe rechazarse: «Biblicism w/ Pastor Steve Meister», 3 de agosto de 2023, video, http://youtube.com/watch?v=P5eLPBc-MbE&t=2289s.
- Matthew Barrett, The Reformation As Renewal: Retrieving the One, Holy, Catholic, and Apostolic Church (Grand Rapids, MI: Zondervan Academic, 2023), 21.
- Chris Whisonant, «On the Origin of the Term 'Biblicism'», Alpha & Omega Ministries (blog), 25 de noviembre de 2023, https://www.aomin.org/aoblog/reformed-baptist-issues/on-the-origin-of-the-term-biblicism/.
- Las investigaciones más recientes y pertinentes sobre los orígenes y el uso temprano del término «biblicismo» han descubierto información adicional que no refuta mi tesis, sino que apoya la necesidad de distinguirla correctamente y no reducirla automáticamente a un término peyorativo. Whisonant resume: «Existen siete usos del término en el siglo XIX que hemos detallado (también señalé otros usos católicos del siglo XIX de manera despectiva, pero que no tienen relevancia excepto para constatar que los católicos continuaron, después de Finngan, usando el término como sinónimo de sola scriptura). Cinco de ellos son usos positivos y dos son negativos. Debe señalarse que solo los dos usos negativos fueron mencionados por Matthew Barrett. Esto tendría el efecto de dejar a sus lectores con una comprensión distorsionada de los primeros usos del término en inglés».
- Chris Whisonant, «Further Thoughts on the Origin of the Term 'Biblicism'», Alpha & Omega Ministries (blog), 17 de junio de 2024, https://www.aomin.org/aoblog/further-thoughts-on-the-origins-of-the-term-biblicism/; «Isaiah 66», Matthew Henry Commentary on the Whole Bible (Complete), Bible Study Tools, https://www.biblestudytools.com/commentaries/matthew-henry-complete/isaiah/66.html.
- Josh Sommer, «Sola Scriptura & Biblicism: What's the Difference», Baptist Broadcast (blog), 20 de febrero de 2023, https://thebaptistbroadcast.com//sola-scriptura-biblicism-whats-the-difference#.
- Brad Belschner y Alastair Roberts, «Is Biblicism Bad?», 7 de noviembre de 2017, video, https://www.youtube.com/watch?v=LrTyM29XRNU.
- Daniel C., «Evaluating the Bebbington Quadrilateral», Daniel's Place: Reformata et Semper Reformanda (blog), 15 de mayo de 2017, https://puritanreformed.blogspot.com/2017/05/evaluating-bebbington-quadrilateral.html.
- Samuel Crossley, «Recent Developments in the Definition of Evangelicalism», Foundations 70 (primavera de 2016): 112–33, https://www.affinity.org.uk/app/uploads/2022/08/affinity-foundations-70-spring-2016.pdf.
- Jordan L. Steffaniak, «Everything in Nature Speaks of God: Understanding Sola Scriptura Aright», Modern Reformation 31, n.º 3 (mayo/junio de 2022): 37, https://issuu.com/modernreformation/docs/sola-345_2022_05_mr_final2_singles.
- Steffaniak, «Everything in Nature Speaks of God», 37.
- Steffaniak, «Everything in Nature Speaks of God», 41.
- Steffaniak, «Everything in Nature Speaks of God», 41.
- Steffaniak, «Everything in Nature Speaks of God», 41.
- Steffaniak, «Everything in Nature Speaks of God», 42.
- Steffaniak, «Everything in Nature Speaks of God», 41.
- Steffaniak, «Everything in Nature Speaks of God», 44, citando a Michael Allen y Scott R. Swain, Reformed Catholicity: The Promise of Retrieval for Theology and Biblical Interpretation (Grand Rapids, MI: Baker Academic, 2015), 85.
- Timothy Larsen, «Evangelical Biblicism Over the Years», entrevista de Blake Adams, Modern Reformation 31, n.º 3 (mayo/junio de 2022): 46, https://issuu.com/modernreformation/docs/sola-345_2022_05_mr_final2_singles.
- «Biblicism w/ Pastor Steve Meister».
- Véanse las notas 47 y 48 arriba.
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