Urban Puritano • May 29, 2026

Hermenéutica Calvinista y Confesional

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¿Biblicistas o Bereanos?

El Calvinismo Confesional y la Interpretación de las Sagradas Escrituras

De: Cristo: Su Alcance y Cetro — por Roberto Gazga

«Entonces Felipe, corriendo, le oyó que leía al profeta Isaías, y dijo: ¿Pero entiendes lo que lees? Él dijo: ¿Y cómo podré, si alguno no me enseñare?»
— El encuentro del etíope con Felipe (Hechos 8:30–31)

Introducción: La Palabra Absoluta del Dios Absoluto

El calvinismo confesional se acerca a las Sagradas Escrituras como la Palabra absoluta del Dios absoluto. Las Escrituras son la Palabra de verdad proveniente del Dios de la verdad (Deuteronomio 32:4; Juan 14:6; Juan 16:13 —un énfasis trinitario sobre Dios como verdad—). Esta confianza absoluta en la naturaleza, el mensaje y el carácter únicos de la Palabra de Dios es inseparable de nuestra confianza absoluta en la naturaleza y el carácter únicos del Dios de la verdad mismo (véase el Salmo 138:2).


En cuanto a su unicidad y su mensaje, el apologista reformado Cornelio Van Til afirmó: «En ningún lugar sino en las Escrituras habla un Dios absoluto. En ningún lugar sino en las Escrituras hay redención por gracia pura solamente. En ningún lugar sino en las Escrituras hay un programa para la destrucción de todo pecado y de todo mal. En ningún lugar sino en las Escrituras hay un cuadro de victoria absoluta al final».²


¿Cuál es, entonces, el camino correcto para interpretar adecuadamente el vasto y extenso contenido de las Sagradas Escrituras?


Algunos recurren en primer lugar a consideraciones extra-bíblicas para orientarse. Incluso pueden olvidarse del contenido real de las propias Escrituras y quedar cautivados por las conclusiones de las tradiciones interpretativas sobre la Biblia a lo largo de la historia de la iglesia. En lugar del «Así dice el Señor», priorizan el «Así dice la iglesia». Sin embargo, ¿qué hace que la historia de la iglesia sea más comprensible o más autoritativa que las Escrituras mismas? No solo los individuos pueden errar al interpretar las Escrituras correctamente; también las iglesias y sus tradiciones interpretativas pueden errar. No obstante, eso no nos deja en una situación de desesperanza o de desesperación inalterable frente a la comprensión correcta de las Escrituras. La primacía debe otorgarse a las Escrituras solas, no solo sobre nuestros sentimientos y preferencias, sino también sobre cualquier tradición interpretativa, por muy arraigada que sea, que compita, socave o contradiga las conclusiones de las Escrituras.


Sobre Manipular —o No Manipularar— las Escrituras

Estamos destinados a cometer errores en nuestra interpretación de la Palabra de Dios de vez en cuando, y en ciertas porciones de las Escrituras más que en otras. Sin embargo, la Biblia es de tal naturaleza que si cualquier creyente contemporáneo llega a una interpretación correcta del significado de un texto, especialmente en lo que respecta a Dios y a la salvación, la iglesia en generaciones pasadas sin duda lo conoció y lo creyó.


Cuando un grupo de personas acepta una interpretación de la enseñanza bíblica durante un período de tiempo, sea correcta o no, se llama tradición. El concepto de tradición nos remite a nuestra preocupación primaria y vitalmente importante: la lectura o interpretación correcta de las Escrituras. ¿Por qué? Porque el pueblo de Dios debe atender a su voz en las Escrituras. Su voz no se encuentra en ningún otro lugar. Los ecos de la tradición son derivativamente autoritativos solo en la medida en que leen e interpretan correctamente las Escrituras. Por tanto, todos los creyentes —pasados, presentes y futuros— no deben poner el carro de la tradición delante del caballo de las Escrituras.


Algunos pueden burlarse de esto por considerarlo carente de autoconciencia epistemológica. Después de todo, todos venimos cargados de ideas, presupuestos y prejuicios. Es cierto. Sin embargo, dado que los errores son inevitables, debemos elegir «pecar valientemente» al posicionarnos ante la Palabra de Dios en primer y último lugar, puesto que este elemento del «método» es lo que las propias Escrituras presentan: «Si oyereis hoy su voz» (Hebreos 1–3 como recordatorio).


Además, una pregunta que tanto nuestro Señor Jesucristo como sus apóstoles nunca se cansaron de hacer (Mateo 21:42; Romanos 4:3) es: «¿Nunca leísteis en las Escrituras?» o «¿Qué dice la Escritura?». En realidad, esta pregunta, inspirada por el Espíritu Santo y registrada en las Escrituras, es la que proviene de la voz de Dios ante la cual todas las demás preguntas, incluso las tradiciones más veneradas, deben inclinarse. La voz de las Escrituras es la voz de Dios. Solo las Escrituras son la comunicación supremamente primaria de Dios al mundo.


Todos, incluidos los creyentes, poseemos creencias de control y esquemas asumidos que el transcurso de nuestra vida confirmará o desmentirá. En lugar de trazar rectamente la Palabra de verdad, siempre estamos en peligro de trazarla incorrectamente —de destriparla—. No solo el creyente sencillo tendrá que aprender y desaprender cierto bagaje de creencias previamente sostenidas; también los académicos y eruditos —¡quizás ellos más que nadie! En lugar de destripar la Palabra, nosotros, como cuidadosos cristianos, iremos destripando y mortificando nuestras propias nociones falsas sobre las Escrituras por medio de las mismas Escrituras a medida que el tiempo avanza. Nuestro crecimiento en la lectura e interpretación correcta de las Escrituras estará guiado por la evitación de dos errores gemelos: errar por no conocer las Escrituras (Mateo 22:29) y errar por no conocer el poder de Dios (Marcos 12:24). El conocimiento de las Escrituras y el poder de Dios por medio de ellas son realidades presentes, no ajenas a ninguno del pueblo de Dios. Somos y siempre hemos sido un pueblo de la Palabra.


La fe nos viene por el oír, y el oír por la Palabra de Dios (Romanos 10:17). Así pues, nos importa ensuciarnos las manos y manejar la Biblia para leerla e interpretarla correctamente. Las Escrituras describen la lectura e interpretación correctas como «trazar bien la Palabra de verdad» (2 Timoteo 2:15). ¿Cómo procedemos?


  1. Definamos qué entendemos por «interpretación».
  2. Responderemos por qué la «interpretación» es siquiera necesaria.
  3. Sugeriremos una hoja de ruta básica para interpretar las Escrituras por nosotros mismos.

¿Qué Es la Interpretación?

La interpretación se refiere a la apertura, la explicación, de las palabras y declaraciones de las Escrituras con el fin de extraer su significado único, pleno y natural (Confesión de Fe de Westminster, capítulo 1, secciones 7 y 9). Este calvinismo confesional excluye necesariamente todas las concepciones medievales arbitrarias y caprichosas de la tarea interpretativa, similares a la quadriga. La historia de la iglesia nos dice que tal esquema postulaba cuatro sentidos de las Escrituras: el literal es el significado llano del texto, especialmente en lo relativo a lo que ocurrió; y se convierte en trampolín para encontrar tres significados espirituales más abarcadores: el alegórico (lo que hay que creer), el tropológico (cómo hay que actuar) y el anagógico (la esperanza del cielo). Las interpretaciones figurativas o espirituales suelen adoptar la forma de alegorías caprichosas que no tanto explican el significado del texto como lo oscurecen con la perspicacia del intérprete.


En contraste, la verdadera interpretación implica:


  1. Negativamente: eliminar las diferencias y la distancia entre los autores originales y los lectores de hoy.

  2. Positivamente: proporcionar un fundamento hermenéutico sólido y las herramientas exegéticas apropiadas para construir un marco firme que permita la inevitable construcción de una teología coherente. Para toda interpretación y significado al que se llegue, debe existir una razón justificable. Además, no existe una bifurcación dualista entre el significado literal y el espiritual de las Escrituras.

La hermenéutica, la ciencia de interpretar las Escrituras, no tiene por qué ser intimidante. La exégesis, el arte de extraer el significado de las Escrituras, tampoco tiene por qué serlo. En efecto, las personas comunes pueden confirmar por sí mismas, al ojear y leer las Escrituras, que su mensaje es generalmente claro de principio a fin, especialmente en lo que respecta a Dios y a la salvación. ¿Hay algunas porciones de las Escrituras que son más difíciles de entender que otras? Sí. ¿Justifica esto la conclusión perezosa y errónea de que la Biblia dice lo que el intérprete quiere que diga? No.


Existe, después de todo, algo así como una comprensión mental correcta del significado y una comprensión mental incorrecta del mismo.³ Aprehender el significado correcto de las Escrituras es comprender. No lograr aprehender el significado correcto de las Escrituras es malentender. Lo primero conduce al conocimiento de la verdad. Lo segundo, no. En cuanto al significado, pues, las Escrituras no son esquizofrénicas ni en conjunto ni en parte.


¿Por Qué Es Siquiera Necesaria la Interpretación?

Nosotros, los intérpretes de las Escrituras, somos efectivamente esquizofrénicos en el sentido espiritual. Obedecemos las voces conflictivas de nuestras propias:


  • Imaginaciones
  • Tradiciones y culturas
  • Formación moral y costumbres
  • Gustos, lealtades y preferencias
  • Aversiones y afectos — o los de otras personas

No todas las voces son iguales. Incluso la voz de la tradición, por grande que sea, debe ser pesada en la balanza bíblica. Estas muchas voces nos invitan a recorrer diferentes caminos de interpretación.


Sin embargo, recordemos que las Escrituras no son una cacofonía ininteligible, sino una comunicación sinfónica. Al margen del reconocimiento fundamental de que las Escrituras son una revelación divinamente diseñada y, como tal, racionalmente inteligible, los caminos de interpretación son tan inconsistentes como inciertos. En efecto, al margen de este reconocimiento fundamental, ¿no estaría justificada la desesperación en la tarea interpretativa?


Ser cristiano no protege por sí mismo al intérprete del error. El simple hecho de ser cristiano y reconocer el carácter divino de las Escrituras no garantiza el éxito interpretativo. Los cristianos no cayeron del cielo como ángeles imparciales y objetivos con una concepción correcta de la revelación escritural. ¿Quién de nosotros no nace en contextos históricos y culturales únicos? Todos recurrimos de manera muy natural a nuestros propios recursos intelectuales, emocionales, morales, formativos, tradicionales, históricos y espirituales para guiarnos en nuestra tarea interpretativa. La humildad reconoce que, aunque nuestro espíritu esté dispuesto a ser un buen intérprete de las Escrituras, nuestra carne es débil.


Paralelamente a esta situación, debemos reconocer que incluso la Biblia misma no descendió del cielo a cada uno de nosotros en nuestro propio idioma, patrones culturales o período histórico. Aunque no debemos exagerar la «distancia hermenéutica» hasta volverse la tarea interpretativa desesperanzadora, tampoco debemos minimizarla. La vida y los tiempos de los autores bíblicos y sus relatos son distintos de los nuestros. E incluso si hubiéramos vivido en tiempos y lugares bíblicos, seguirían existiendo dificultades de interpretación de la Palabra de Dios.


Dificultades, no imposibilidades.


El fundamento de la esperanza de los intérpretes es que las Escrituras son una comunicación de Dios. La desesperación interpretativa, por tanto, no está justificada. Podemos hallar consuelo en la declaración de Pedro de que algunas cosas en los escritos de Pablo «son difíciles de entender, las cuales los indoctos e inconstantes tuercen, como también las otras Escrituras, para su propia perdición» (2 Pedro 3:16).


Estos obstáculos para la interpretación ponen de relieve, por lo tanto, la necesidad de la interpretación. Los obstáculos existen tanto dentro de nosotros como fuera de nosotros: dentro de nosotros, por una multitud de limitaciones agravadas por el pecado; fuera de nosotros, por la distancia del tiempo, la historia, la cultura y la diferencia entre los patrones lingüísticos y de pensamiento de las Escrituras y los nuestros.


Quiero recomendar un enfoque calvinista confesional —en verdad, cabalmente reformado— de la interpretación bíblica que pueda ser edificado para uso personal: un enfoque que tome en serio la variedad de terrenos que el paisaje bíblico despliega en toda su diversidad de rasgos estilísticos y sus ricas y abstractas características teológicas. Mi esperanza es que este enfoque reformado de la interpretación bíblica pueda comenzar a dar resultados que glorifiquen a Dios tanto a través de (1) una visión panorámica, cristocéntrica y orientada hacia Cristo (Juan 5:39, 45–47) de la historia y el mensaje redentor y abarcador de Dios para el hombre, como de (2) una escucha sinfónica (no esquizofrénica) y espiritual de la composición redentora de Dios llamada Sagrada Escritura. Como nos dice Apocalipsis 3:22: «El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias».


Al comenzar nuestro recorrido, mantengamos siempre presente el hecho de que una comprensión verdaderamente eficaz y espiritual de la Palabra de Dios nunca excluye que pueda someterse a las categorías del análisis y el escrutinio lógicos. La Biblia no se marchitará ante nuestras investigaciones. De hecho, Dios invita, acoge y elogia la investigación y la interpretación honestas (Hechos 17:11) —sin necesidad ni de carniceros ni de un término de hombre de paja mal definido como biblicista, que exploro en detalle en el apéndice—. ¿Qué entonces? ¡Con la ayuda del Dios trino de las Escrituras, podemos ser bereanos!


*«¡Buenos días!», dijo Bilbo, y lo decía en serio... «¿Qué quieres decir?», dijo Gandalf. «¿Me deseas un buen día, o quieres decir que es un buen día tanto si yo quiero como si no; o que tú te sientes bien esta mañana; o que es una mañana propicia para hacer el bien?» «Todo eso a la vez», dijo Bilbo.»*⁴
— El encuentro de Bilbo con Gandalf, el escolástico premoderno y su quadriga pre-crítica

Los Calvinistas Confesionales: El Camino del Medio

Los calvinistas confesionales son muchas cosas. Sin embargo, a medida que crecen en conciencia e intencionalidad en su lectura de las Escrituras, ciertamente se esfuerzan por evitar destripar el texto. También se esfuerzan por evitar el biblicismo mal definido. Quizás el biblicismo es una visión o un enfoque ingenuo de las Escrituras que busca explicarlas sin la ayuda de categorías o recursos externos. No lo sé. Algunos lo definen mal de una manera mientras que otros lo definen mal de otra. El biblicismo se ha convertido en un término peyorativo popular entre los intérpretes de la Biblia de orientación académica y sus demasiado entusiastas acólitos seminaristas. Pero, como afirmé anteriormente, la comprensión del creyente sobre la tarea interpretativa crece. Afortunadamente, la tercera opción es bíblica: ¡los creyentes bereanos (Hechos 17:10–15)!


Los creyentes bereanos atendieron la voz de Dios en las Escrituras y confirmaron la validez de las conclusiones del apóstol Pablo por medio de las mismas Escrituras. Al hacerlo, merecieron el elogio de ser nobles o imparciales al escudriñar las Escrituras diariamente para verificar si las cosas que Pablo predicaba y enseñaba eran ciertas. No hubo necesidad de aferrarse nerviosamente a las perlas confesionales. Podemos hacer lo mismo que hicieron los bereanos, pues todos tenemos el mismo punto de partida: la Biblia.


La Biblia es un libro extraordinariamente normal y mundano. Su familiaridad y similitud con otra literatura mundial es innegable. Sin embargo, al mismo tiempo, es un libro extraordinariamente único y sobrenatural. A pesar de haber sido escrito por más de cuarenta autores a lo largo de un período de mil quinientos años, cubriendo eventos históricos en progresión metódica y lógica desde diversas perspectivas culturales, las Escrituras nos hablan de manera consistente sobre Dios y sobre nosotros mismos. Cornelio Van Til observó correctamente que para el lector fiel, «la historia sagrada se vuelve terrible y hermosa. Nos agarra en lo más profundo de nuestra existencia. No hay épica tan grandiosa, ningún drama tan dramático como la historia de la historia sagrada cuando se cuenta según la concepción reformada de ella».⁵


La Biblia es también una revelación de otro mundo. Su carácter y contenido trascendente son igualmente innegables. Las Sagradas Escrituras revelan al Dios del que hablan y la aplicabilidad universal de su Palabra a la existencia del hombre, revelando su verdadera naturaleza y condición. A lo largo de sus diversas páginas, su unidad de mensaje es suficientemente perceptible, dando como resultado ya sea una humilde aceptación o un rechazo lleno de juicio. ¡La Biblia lee al lector y exige una respuesta!


Esta revelación no se contentará con ser una más entre muchas. Desenvuelve al lector mientras el lector lucha con ella e intenta desenredarla: «terrible y hermosa», en verdad. Es «terrible» en el sentido del peso de su contenido. Las Escrituras no tratan asuntos livianos. ¿Quién o qué es el Dios del que hablan? ¿Quién o qué es la humanidad a quien le hablan? ¿Cómo puede un Dios absolutamente justo y santo comulgar con personas absolutamente pecaminosas y rebeldes? El temblor es la respuesta apropiada.


Es hermosa en el sentido del consuelo que su Palabra ofrece, que detalla la intención graciosa de Dios de desplegar en última instancia su radiante resplandor en su obra redentora y en su comunión con su pueblo. Este es el amor en su expresión última posible: no nuestro amor hacia Dios, sino al revés. El amor omnipotente, inconmensurable e inmerecido hacia nosotros hizo nuestra salvación tanto posible como real.


En su Palabra hallamos el único consuelo en la vida y en la muerte: la simetría, la vivacidad, cada pincelada, todas las piezas del rompecabezas, todos los hilos del tapiz, cada nota de la partitura musical y cada centímetro cuadrado de la creación, la providencia y la redención redundan para su gloria y, graciosamente, para nuestro bien. Esto no es menos que la postura del calvinismo confesional.


¿Por dónde puede comenzar el intérprete? Sin duda, todos los intérpretes comienzan en algún punto, y aunque existe «una interacción entre principios más amplios de interpretación y textos particulares»,⁶ sería fructífero delinear brevemente algunos de esos presupuestos hermenéuticos que subyacen a nuestra interpretación de textos particulares.


Los siguientes supuestos hermenéuticos generales y subyacentes son un buen punto de partida antes de concentrarnos más. Ya he aludido a algunos de ellos. Ahora los desarrollaré todos a lo largo de esta sección como eslabones entrelazados en una cadena:


  1. La inspiración verbal y plenaria de las Escrituras
  2. La perspicuidad de las Escrituras
  3. La analogía de la Escritura y la analogía de la fe
  4. La unidad y diversidad de las Escrituras

1. La Inspiración Verbal y Plenaria de las Escrituras

La inspiración verbal y plenaria de las Escrituras se refiere a que las Escrituras son el producto de que Dios hizo que los diversos autores bíblicos escribieran todo exactamente como Él lo dispuso. Esto incluye no solo las grandes ideas o las porciones principales de las Escrituras; esta causación divina se extiende al conjunto, inclusive a cada palabra en sí misma. Además, esta inspiración divina no fue ni mecánica ni de ninguna manera subversiva de la autoría humana. Cualquiera que haya sido el esfuerzo humano involucrado en el proceso previo a la escritura, y cualquiera que haya sido el estilo que los autores emplearon en el proceso de escritura, Dios aseguró mediante esta inspiración divina que sus pensamientos y los pensamientos de los escritores se interpenetraran de tal modo que los diversos autores registraran una comunicación genuina de Dios a su pueblo exactamente como Él lo dispuso.


El presupuesto de la inspiración verbal y plenaria de las Escrituras, al igual que todos los demás supuestos hermenéuticos que aduciremos, no se postula simplemente por imposición teológica. Emerge de manera bastante natural de pasajes como 2 Timoteo 3:16; 2 Pedro 1:19–21 y 1 Corintios 2:7–13, entre muchos otros textos a lo largo de las Escrituras. Para mayor estudio:


  • Louis Gaussen, Theopneustia
  • B. B. Warfield, La inspiración y la autoridad de la Biblia
  • Greg Beale, La erosión de la inerrancia (de publicación más reciente)

Antes de continuar, incumpliría mi deber reformado si no señalara que esta visión evangélica clásica de la inspiración verbal y plenaria de las Escrituras es en realidad una ilustración y un ejemplo importante de la comprensión calvinista de la concurrencia entre la voluntad de Dios y la voluntad del hombre. Si la causación divina resulta en que el hombre escribe voluntariamente exactamente lo que Dios dispone (por ejemplo, la redacción de las Escrituras), ¿existe algún otro ámbito en el que la causación divina resulta en que el hombre quiera algo precisamente como Dios lo dispone? (Los calvinistas, con o sin picardía, responden que sí.)


Que el lector descuidado se cuide si se acerca al texto bíblico presuponiendo por defecto el concepto de libre albedrío libertario, el principio de posibilidades alternativas —especialmente para que el amor genuino pueda existir—, o la noción arminiana popular de que Dios es un «caballero» que siempre debe respetar la elección humana autónoma para poder hacernos responsables de nuestras acciones. Más temprano que tarde, el lector chocará con textos incompatibles con estas nociones profundamente erróneas. Ni los autores bíblicos ni mucho menos el Dios bíblico se conforman a los falsos supuestos vinculados al libre albedrío libertario.


2. La Perspicuidad de las Escrituras

La perspicuidad de las Escrituras se refiere a la cualidad básica de claridad que las Escrituras exhiben en su conjunto, pero especialmente en lo que respecta a la pregunta «¿Qué debo hacer para ser salvo?». La Confesión de Fe de Westminster es excelente en este sentido. El capítulo 1, sección 7, establece: «No todas las cosas de las Escrituras son igualmente claras en sí mismas, ni igualmente evidentes para todos; sin embargo, las cosas que son necesarias para conocer, creer y guardar para salvación, están tan claramente propuestas y manifestadas en algún lugar u otro de las Escrituras, que no solo los doctos, sino también los indoctos, mediante el uso correcto de los medios ordinarios, pueden alcanzar una comprensión suficiente de las mismas».


¿Por Qué Medios?

Como bien lo expresó el maestro reformado R. C. Sproul: «El cristianismo bíblico no es una religión esotérica».⁷ Los medios de interpretación bíblica no implican prácticas misteriosas que producen significados misteriosos. No hay en las Escrituras ningún significado distinto de lo que el «uso correcto de los medios ordinarios» producirá. Por lo tanto, nuestra preocupación fundamental es permanecer tan cerca del texto que solo lo que está «expresamente» (explícitamente) escrito en las Escrituras o lo que «por buena y necesaria consecuencia puede deducirse» de las mismas sea lo privilegiado (WCF, capítulo 1, sección 6).


Esta salvaguarda interpretativa es tanto racional como bíblica. ¡Es bereana! Recordemos: la interpretación bíblica significa atender la voz de Dios presente en las Escrituras. La responsabilidad del creyente es comprender correctamente las palabras de las Escrituras, la intención comunicativa tanto de los autores divinos como de los humanos, y lo que puede seguirse legítimamente de lo que se expresa y de cómo se expresa. Un maravilloso ejemplo de este enfoque bereano en un debate teológico sobre un tema bíblico fue cuando el Dr. Joseph Pipa ofreció magistralmente una defensa razonada de la expiación limitada y atacó con éxito la visión de la expiación ilimitada de Dave Hunt.⁸ El Dr. Pipa no se aferró a sus perlas confesionales, sino que adujo las Escrituras y trazó rectamente la Palabra de verdad para ser persuasivo, de modo que la confianza de todos los presentes pudiera estar en la sola scriptura. Aducir las Escrituras y dar su significado mediante el análisis y la síntesis no es una acumulación ingenua de versículos. ¿Quién sería tan arrogante o deshonesto como para atribuir una sola o nuda scriptura a una defensa del tipo de Apolos de la doctrina bíblica por parte del Dr. Pipa o de cualquier creyente sencillo?


La perspicuidad de las Escrituras reconoce que algunas porciones o textos de las Escrituras pueden no ceder fácilmente su significado y pueden ser difíciles de entender. Como se mencionó anteriormente, el apóstol Pedro lo dijo con respecto a algunos de los escritos del apóstol Pablo que se encuentran entre las porciones de las Escrituras (2 Pedro 3:15–16). Pero la solución al calambre mental es, como diría el filósofo y teólogo reformado Gordon Clark, «un masaje racional». La perspicuidad de las Escrituras, por tanto, no exige que el significado de las mismas «esté siempre en la superficie».⁹ Existe, después de todo, la legitimidad —si no la inevitabilidad e indispensabilidad— de las implicaciones lógicas en la comunicación, de las cuales las propias Escrituras no están exentas. ¿Qué creyente argumentaría en contra de que la Palabra de Dios tiene profundidad lógica?


Sin embargo, esta profundidad lógica no es algo que esté más allá de las palabras de las Escrituras correctamente entendidas. Esto es clave. «Más allá» de las palabras de las Escrituras no puede significar algo distinto o separado de la intención comunicativa revelada por las propias palabras y su relación con otras palabras y porciones de las Escrituras. Ningún texto de las Escrituras es una isla en sí misma. Esto se debe en último término al diseño divino.


Las interpretaciones deben tener siempre una justificación racional. Toda la empresa de la hermenéutica y la exégesis bíblicas es esencialmente un método racional aplicado a una revelación racional. Juntas, constituyen una ciencia artística que busca llegar racional y juiciosamente al significado correcto del texto bíblico. Sus fundamentos, principios y métodos son minuciosamente racionales y coherentes en sí mismos y con las Escrituras.


¿Por Parte de Quién?

Gordon Clark señala correctamente: «La Biblia tiene un mensaje destinado a ser comprendido». ¿Por quién? ¿Por un selecto grupo de académicos de élite, eruditos, gurús o clérigos? ¿Solo por una clase especial de personas que tienen como única misión interpretar las Escrituras y distribuir su significado a las masas? En la forma típicamente protestante, Clark afirma llanamente la peligrosa idea de la Reforma: «La Biblia fue dirigida al pueblo en general: a los trabajadores y a los esclavos, así como a los reyes y a los que están en autoridad».


Que Dios pretenda que la gente común comprenda la Biblia no excluye que otros individuos, la academia o una comunidad de fe puedan ser de ayuda para alguien que lucha con la interpretación correcta de un texto bíblico. Tampoco excluye que la tradición interpretativa pueda ser de ayuda. La tradición puede ser una amiga. Recordemos: la Biblia es de tal naturaleza que si cualquier creyente hoy en día llega a una interpretación correcta del significado de un texto, especialmente en lo que respecta a Dios y a la salvación, la iglesia sin duda lo conoció y lo creyó en el pasado. La Palabra de Dios es perspicua para el pueblo de Dios. La perspicuidad de las Escrituras simplemente reconoce que la interpretación correcta está al alcance de todos y no depende de una clase especial de intérpretes oficiales ni solo de quienes recurren a la tradición.


Clark lo señala de manera muy contundente: «Si usted y yo somos tan estúpidos como para no poder entender la Biblia, sino que necesitamos que sacerdotes, obispos y papas [o la tradición, por grande que sea] nos digan qué significa, ¿no somos también demasiado estúpidos como para entender lo que [ellos] dicen?».¹⁰


Por gracia, el contenido y la trama abarcadora de las Escrituras —compuesta de innumerables «historias, ejemplos, preceptos, exhortaciones, amonestaciones y promesas»¹¹ relativas al propósito redentor de Dios y a la salvación del hombre— son suficientemente «claros y evidentes». Tanto el erudito como el laico pueden llegar por los mismos medios a la respuesta de cómo un Dios santo y justo puede bendecir a la humanidad rebelde y pecaminosa con la salvación. Como fue antes para los pastores, los guerreros, la realeza y los pescadores, y como continuó siendo para los monjes, las doncellas, los juristas y los artesanos, así continúa siendo el mensaje de la Biblia: suficientemente «claro y evidente» para todos los que apliquen «el uso correcto de los medios ordinarios».


3. La Analogía de la Escritura y la Analogía de la Fe

Dada la naturaleza de la Biblia como la única Palabra de Dios, dado que la voz de Dios se encuentra solo en las Escrituras, ¿cómo puede un creyente sintonizarse correctamente para escuchar lo que Dios ha hablado? Dada la inspiración verbal y plenaria de las Sagradas Escrituras a través de dimensiones humanas y divinas que resultaron en un mensaje abarcador y suficientemente claro para el pueblo de Dios a lo largo de todos los tiempos, ¿qué otros principios fundamentales deben tenerse en cuenta? En consonancia con —y como consecuencia de— los presupuestos hermenéuticos mencionados previamente (es decir, la inspiración verbal y plenaria de las Escrituras y la perspicuidad de las Escrituras), el calvinista confesional puede además aducir el principio doble: la analogía de la Escritura y la analogía de la fe. Estos principios se refieren a «la enseñanza uniforme de las Escrituras» (analogía de la fe) por medio de las propias Escrituras (analogía de la Escritura).¹²


En otras palabras, la Escritura interpretando a la Escritura (analogía de la Escritura) conduce inevitablemente a una enseñanza y teología clara y uniforme de las Escrituras en su conjunto (analogía de la fe). Estos principios son plenamente funcionales y prácticos, y una vez que se los distingue correctamente y no se los confunde, serán compañeros de por vida del intérprete bereano para salvaguardar contra el destripamiento del texto. Si el texto de las Escrituras ha sido destripado por alguien o por una tradición, las propias Escrituras pueden corregir el error.


La CFW, capítulo 1, sección 9, establece: «La regla infalible de interpretación de la Escritura es la Escritura misma; y por tanto, cuando se presenta una pregunta sobre el verdadero y pleno sentido de cualquier Escritura (que no es múltiple, sino uno), debe ser investigado y conocido por otros lugares que hablen más claramente» (énfasis añadido). ¿Por qué? Porque la sola scriptura y la tota scriptura son la única «regla de fe y vida» para el calvinista confesional (CFW, capítulo 1, sección 2; lo mismo establece la 2CLBF). Esta es verdaderamente la hermenéutica del obrero. La analogía de la Escritura nos impulsa a hacer el arduo trabajo de escudriñar las Escrituras, como lo hicieron los bereanos, mientras que la analogía de la fe protege el depósito de la sana doctrina que ha de conocerse.


Nótese que al describir la analogía de la Escritura, la CFW también afirma y niega ciertas cosas sobre el significado o el sentido de las Escrituras. Ante las respectivas preguntas de si algún pasaje bíblico particular tiene múltiples significados y si algún pasaje bíblico particular tiene un solo significado, las respuestas dadas por la confesión son:


  • No, el verdadero sentido de las Escrituras no es múltiple —lo cual incluye necesariamente la quadriga pre-crítica (y por implicación incluso la multiplicidad posmoderna de significados).

  • , el verdadero y pleno sentido de cualquier Escritura es uno.

El sentido o significado de las Escrituras puede enriquecerse de tal manera que se pueda llegar a una comprensión más plena del texto en consideración con la ayuda de otros textos de las Escrituras. Esta comprensión más plena ha sido descrita recientemente de manera ambigua por algunos que quieren integrar la quadriga pre-crítica en la hermenéutica protestante como niveles de significado. Pero esta errónea concepción premoderna de la hermenéutica, que intenta un regreso contemporáneo en la academia protestante, concebía los niveles más profundos del significado escritural como significados dobles, triples o cuádruples distintos; mientras que la CFW y la 2CLBF limitan correcta y explícitamente el sentido o significado de las Escrituras a ser singular, es decir, uno.


La Quadriga Premoderna: ¿Un Carnicero?

La quadriga es un método académico de interpretación de la Biblia propio del catolicismo romano medieval que bifurca el sentido literal de las Escrituras de su sentido espiritual. El sentido literal consiste en cualquier significado que las palabras de las Escrituras producen de las formas ordinarias derivables de una consideración de la lingüística, la filología, la semántica, la gramática, la sintaxis y las consideraciones históricas de su contenido. El sentido espiritual de las Escrituras consiste en tres dominios adicionales de significado:


  • Alegoría: signos figurativos utilizados para significar otra cosa.

  • Tropología: lecciones e imperativos morales.

  • Anagogía: esperanza escatológica orientada hacia el futuro.

Estos tres sentidos abarcan la significación espiritual de los enunciados de las Escrituras en contraste y contraposición con el sentido literal.


Algunos pastores, teólogos y seminarios pueden recomendar la división del sentido de las Escrituras en cuatro sentidos: el literal (gramatical-histórico), el alegórico (simbólico/espiritual), el tropológico (moral) y el anagógico (futuro/escatológico). Esta quadriga está ganando respeto en algunos sectores. Una manera académica, aunque errónea, de explicar la negación de la confesión del significado múltiple, por parte de algunos protestantes, es afirmar rápidamente que el significado extra-literal es espiritual y que nunca está divorciado del sentido literal. Pero a pesar de su pedigrí tradicional, semejante disección arbitraria y caprichosa es tanto anti-confesional como anti-bíblica. Por lo tanto, no es digna de recuperación, ya sea en formas densas o ligeras.


La negación reformada del sentido múltiple de las Escrituras es irreconciliable con el cuádruple sentido de la quadriga o incluso con su intento de reimaginación en la bifurcación dual de los sentidos literal y espiritual de las Escrituras. Curiosamente, ni los defensores del pasado, ni los académicos contemporáneos, ni sus acólitos seminaristas de más que suficiente entusiasmo han argumentado jamás que el significado literal deba basarse en los significados alegórico, tropológico o anagógico. El sentido literal tiene prioridad incluso cuando la quadriga se sostiene como un método legítimo de interpretación bíblica.


Sin embargo, la prioridad del sentido literal insinúa un argumento a favor de la teoría confesional calvinista del sentido único del significado escritural: todo significado verdadero de las Escrituras se deriva del sentido literal. Cualquier significado alegórico, simbólico, figural, tipológico, moral o escatológico de las Escrituras, si es genuinamente verdadero, deriva del sentido literal. Por lo tanto, se siguen dos cosas:


  • El sentido de las Escrituras no es múltiple, sino uno.

  • El sentido literal, y ningún otro, constituye el sentido singular y genuinamente verdadero de las Escrituras.

¿Deben las sensibilidades y virtudes interpretativas del creyente estar guiadas por el respeto a esta cuadrícula de cuatro sentidos premoderna? No. Si la interpretación bíblica debe producir un cuádruple sentido de las Escrituras, ¿por qué cuatro? Esto es arbitrario. Si la interpretación bíblica no siempre debe producir un cuádruple sentido de las Escrituras, ¿por qué no? Esto es caprichoso. Interpretar por medio de la quadriga, entonces, no es exégesis sino eiségesis. Ningún método de hermenéutica bíblica que sea caprichoso o arbitrario es bíblicamente legítimo. La quadriga queda descalificada como herramienta hermenéutica legítima por ser al mismo tiempo caprichosa y arbitraria.


El calvinista confesional, por otro lado, mediante la adhesión a una teoría del sentido único de las Escrituras puede llegar al único sensus plenior por medio de una multitud de métodos no arbitrarios y no caprichosos. El análisis inductivo de las Escrituras que ofrece la analogía de la Escritura tiene en cuenta las diversas características del texto sin bifurcar lo literal de lo espiritual, el Antiguo Testamento del Nuevo Testamento, ni un solo pasaje de su contexto canónico más amplio.


Como argumentó con éxito William Whitaker: «Aunque las palabras puedan aplicarse y acomodarse tropológicamente, alegóricamente, anagógicamente o de cualquier otra manera; sin embargo, no existen por ello varios sentidos, varias interpretaciones y explicaciones de las Escrituras, sino que hay solo un sentido, y ese es el literal, que puede acomodarse de diversas maneras y del cual pueden extraerse diversas conclusiones».¹³ La analogía de la Escritura no multiplica los sentidos. Pero sí puede multiplicar lo que genuinamente se sigue del sentido único de las palabras o pasajes escriturales correctamente entendidos. Esto da testimonio de la superioridad de la hermenéutica calvinista confesional sobre la caprichosa y arbitraria quadriga medieval y premoderna.


Nuestro Señor afirma: «Las palabras que yo os he hablado son espíritu y son vida» (Juan 6:63). Y además cita: «No solo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios» (Mateo 4:4). Cada palabra de las Escrituras es sustento espiritual y dador de vida. Por tanto, la quadriga como marco o enfoque interpretativo es un fracaso dualista. Dicho dualismo busca subvertir y subordinar la «letra» al «espíritu». En última instancia, carece de verdadera virtud porque contradice al propio Señor Jesucristo. Las palabras de las Escrituras son, a la vez, nada más que literales y nada menos que espirituales.


«Escudriñada»: El Trabajo Duro de la Interpretación

La responsabilidad hermenéutica del intérprete, siempre que surjan problemas por textos oscuros, es buscar la resolución a tales dificultades en otras porciones más claras de las Escrituras (analogía de la Escritura). A veces la solución será relativamente sencilla. En otras ocasiones será bastante compleja. Puede implicar observaciones, argumentos, inferencias y deducciones extendidas. En todos estos escenarios, la uniformidad resultante de la doctrina escritural (analogía de la fe) solo resalta aún más que la Biblia es ante todo no meramente las palabras de los hombres, sino también la propia Palabra de Dios.


Lamentablemente, ciertos teólogos y maestros que deberían saberlo mejor promueven el concepto de paradoja como una categoría hermenéutica legítima. Pueden afirmar que, dado que Dios es infinito, hay un significado infinito en las palabras de las Escrituras. Más aún, algunos sostienen que, dado que Dios es infinito, hay significados y doctrinas en las Escrituras que son irreconciliables entre sí. ¿No milita esto contra la validez de la analogía de la Escritura y la analogía de la fe? Este tipo de paradoja, sostienen algunos, es simplemente algo con lo que debemos vivir y saborear por ser criaturas finitas.


No es así en absoluto. De hecho, es infinitamente mejor —el juego de palabras es intencional— no hablar del significado de las Escrituras como infinito, aunque pretendamos basar eso en la infinitud de Dios. Es simplemente erróneo. El verdadero y pleno sentido de cualquier Escritura «no es múltiple, sino uno». El sentido más pleno y profundo de las Escrituras no admite contradicciones ni paradojas irresolubles que los intérpretes deban mantener para supuestamente hacer justicia a ambos lados de textos o doctrinas que parecen conflictivos. Los teólogos, predicadores y maestros deben ser los primeros en escudriñar y armonizar las preguntas sobre el verdadero y pleno significado de los pasajes y doctrinas de las Escrituras.


Es inevitable que surjan preguntas sobre el significado de algún texto escritural u otro. Sin embargo, la analogía de la Escritura nos llama a ir más allá de la paradoja subjetiva de uno y no descansar hasta que hagamos el arduo trabajo de escudriñar las Escrituras para llegar a terreno objetivo. La paradoja, que es relativa a las personas, no debe elevarse a la posición de principio hermenéutico. Después de todo, lo que es paradójico para una persona puede no serlo para otra. Que el intérprete de las Escrituras nunca olvide que algunas porciones de la Biblia no son siempre claras en sí mismas «ni igualmente claras para todos». Los intérpretes nunca deben atribuir sus limitaciones intelectuales a los demás. Eso sería arrogancia, no piedad.


«Conocida»: La Uniformidad de la Doctrina Escritural

Además, a medida que comparamos la Escritura con la Escritura (analogía de la Escritura), acumulamos evidencia bíblica. Las implicaciones se extraen válidamente, las posibles interpretaciones se eliminan y las creencias de control se modifican y se sujetan a la verdad de la Palabra de Dios. Dado que la Escritura no puede ser quebrantada (Juan 10:35), lo que emerge cuando los textos complementan a los textos de manera holística y sistemática es una uniformidad de enseñanza. La analogía de la fe nos llama a tomar el testigo de la doctrina bien establecida y juiciosamente alcanzada y a continuar corriendo la carrera.


Considérese el siguiente ejemplo. Las Escrituras enseñan que Dios es uno e indivisible. Las Escrituras también enseñan que en la «unidad de la divinidad hay tres personas, de una sustancia, poder y eternidad» (CFW, capítulo 2, sección 3). Si los intérpretes hubieran dejado de comparar la Escritura con la Escritura y simplemente hubieran sostenido que Dios era uno con tres modos de existencia (modalismo), ¿dónde estaría el trinitarismo bíblico? No, el método siempre importa. Los concilios de la iglesia primitiva no se limitaron a concluir: «Esto es paradójico. Las Escrituras no determinan si Dios es uno en un sentido y tres en un sentido diferente. Dado que Dios es infinito, mantengamos que Dios es uno y Dios es tres en el mismo sentido, en tensión». ¡Atanasio siempre debe prevalecer sobre Arrio!


4. La Unidad y Diversidad de las Escrituras

El cuarto y último eslabón en la cadena de supuestos hermenéuticos fundamentales es la unidad y diversidad de las Sagradas Escrituras. La Biblia no es, a pesar de lo que dicen los incrédulos, un revoltijo de fábulas contradictorias. A lo largo de sus diversas páginas se percibe una unidad definida.


Existe una cohesión discernible en medio de los diversos textos de las Escrituras. De hecho, lo que emerge para el intérprete responsable al aplicar «el uso correcto de los medios ordinarios» a la Biblia es lo que la Confesión de Westminster llama «el consenso de todas las partes» (capítulo 1, sección 5).


Hay dos maneras de aprehender la unidad y diversidad de las Escrituras. Una es a través de la historia de la redención (también conocida como teología bíblica). La otra es a través de la teología sistemática. La primera se centra en el despliegue cronológico de la revelación de Dios a su pueblo en la historia tal como está registrado en las Escrituras. La segunda se centra en la ordenación lógica de la revelación escritural en un sistema de doctrinas.


Estas trabajan juntas como lentes bifocales, permitiendo al intérprete apreciar tanto el bosque de la historia redentora como los árboles de la teología sistemática, ninguno a expensas del otro. En términos generales, la teología bíblica recorre la historia de la redención por medio de la analogía de la Escritura, mientras que la teología sistemática considera cada una de las partes de las Escrituras por medio del «tenor general de la Palabra de Dios» según la analogía de la fe (es decir, el sistema de doctrinas ortodoxas que también puede denominarse el consejo completo de Dios conforme a Hechos 20:27).


Este libro solo puede arañar la superficie de la unidad orgánica que se encuentra dentro de la diversidad de la Palabra de Dios. Considérese la historia de la redención. Las Escrituras despliegan de manera maravillosa y dramática su despliegue orgánico y progresivo, ¡como el bulbo plantado que surge de la tierra como un brote en crecimiento y a su debido tiempo florece en un hermoso tulipán! El tulipán no puede despreciar al bulbo del mismo modo que la teología sistemática no puede despreciar a la teología bíblica, ni viceversa.


Para usar otra ilustración figurativa: «Todos los libros de la Biblia tienen su centro aglutinante en Jesucristo. Todos se relacionan con la obra de la redención y la fundación del reino de Dios en la tierra».¹⁴ Así pues, del mismo modo que las páginas de su Biblia hacen contacto y se mantienen unidas en el lomo con adhesivo o costuras, el significado centrado en Cristo impregna y mantiene unidos los diversos significados orientados hacia Cristo a lo largo de las páginas de la Palabra de Dios, adondequiera que uno gire la página.


De hecho, según nuestro propio Señor y Salvador, el Antiguo Testamento preparó el escenario, libro a libro, época a época, pacto a pacto y promesa a promesa, para señalar de alguna forma, manera o forma hacia la gloriosa obra de redención del Salvador para su pueblo. Véanse los siguientes pasajes:


«Entonces él les dijo: ¡Oh insensatos, y tardos de corazón para creer todo lo que los profetas han dicho! ¿No era necesario que el Cristo padeciera estas cosas, y que entrara en su gloria? Y comenzando desde Moisés, y siguiendo por todos los profetas, les declaraba en todas las Escrituras lo que de él decían... Luego les dijo: Estas son las palabras que os hablé, estando aún con vosotros: que era necesario que se cumpliese todo lo que está escrito de mí en la ley de Moisés, en los profetas y en los salmos. Entonces les abrió el entendimiento, para que comprendiesen las Escrituras; y les dijo: Así está escrito, y así fue necesario que el Cristo padeciese, y resucitase de los muertos al tercer día; y que se predicase en su nombre el arrepentimiento y el perdón de pecados en todas las naciones, comenzando desde Jerusalén.» (Lucas 24:25–27, 44–47)
«Pero Dios ha cumplido así lo que había antes anunciado por boca de todos sus profetas, que su Cristo había de padecer... a quien de cierto es necesario que el cielo reciba hasta los tiempos de la restauración de todas las cosas, de que habló Dios por boca de sus santos profetas que han sido desde tiempo antiguo... Y todos los profetas desde Samuel en adelante, cuantos han hablado, también han anunciado estos días.» (Hechos 3:18, 21, 24)
«Y Pablo, como acostumbraba, fue a ellos, y por tres días de reposo disputó con ellos desde las Escrituras, declarando y exponiendo que era necesario que el Cristo padeciese, y resucitase de los muertos; y que Jesús, a quien yo os anuncio, decía él, es el Cristo.» (Hechos 17:2–3)
«Pero habiendo obtenido auxilio de Dios, persevero hasta el día de hoy, dando testimonio a pequeños y a grandes, no diciendo nada fuera de las cosas que los profetas y Moisés dijeron que habían de suceder: Que el Cristo había de padecer, y ser el primero de la resurrección de los muertos, para anunciar luz al pueblo judío y a los gentiles.» (Hechos 26:22–23)
«Los profetas que profetizaron de la gracia destinada a vosotros, inquirieron y diligentemente indagaron acerca de esta salvación, escudriñando qué persona y qué tiempo indicaba el Espíritu de Cristo que estaba en ellos, el cual anunciaba de antemano los sufrimientos de Cristo, y las glorias que vendrían tras ellos.» (1 Pedro 1:10–11)

El Antiguo Testamento no fue una revelación sin Cristo. Todo lo contrario. Por medio de puntos argumentales definidos, profecías mesiánicas, figuras, tipos, sombras y otros detalles, podemos comprender correctamente que Dios dirigía la mirada de su pueblo de manera inevitable hacia Cristo, tanto en el Antiguo Testamento como en el Nuevo. Como ha afirmado Mark García, el texto de las Escrituras, incluido el Antiguo Testamento, nos está «atrayendo por la atracción gravitacional del propio Cristo hacia el mundo que se nos da en Cristo para vivir en ese mundo, para metabolizar estas palabras que son para nosotros el pan de vida, para atraernos más profundamente a la fe, la esperanza y el amor».¹⁵ El Antiguo Testamento no es nada menos que la preparación cristocéntrica para la plenitud cristológica del Nuevo Testamento.


El Nuevo Testamento no es nada menos que el cumplimiento y la inauguración culminante del propósito redentor prometido de Dios en Cristo. El significado plenamente desarrollado de la persona de Cristo y la obra que llevó a cabo en el Calvario es lo que el Nuevo Testamento explica y exalta. Es el tema central de adoración en el Nuevo Testamento. Solo las Escrituras del Antiguo y del Nuevo Testamento son las palabras de Cristo. Las palabras de Cristo son el medio por el cual Cristo es formado en nosotros. Esto es, como ha dicho Mark García, «más que una idea cautivadora; es una vida cautivadora».¹⁶


Las implicaciones multifacéticas y sistemáticas de la persona y la obra de nuestro Señor se extienden hacia atrás hasta los santos del Antiguo Testamento y hacia adelante hasta nosotros. La gloria de Dios en Cristo es el cántico nuevo que pertenece al pueblo de Dios porque hemos sido reconciliados con Dios y los unos con los otros por la gracia de Dios. Todas las Escrituras, ya sea en promesa orientada hacia Cristo o en cumplimiento centrado en Cristo, detallan la derrota del mal en todas sus formas, en Cristo, por Cristo y a través de Cristo.


Este es el tejido del calvinismo confesional en la interpretación bíblica. Berkhof, por ejemplo, observó:


«Muchos de los tipos del Antiguo Testamento apuntaban en última instancia a las realidades del Nuevo Testamento; muchas profecías encontraron su cumplimiento final en Jesucristo, sin importar cuántos de los Salmos dan expresión a la alegría y al dolor no solo de los poetas, sino del pueblo de Dios en su conjunto, y, en algunos casos, del Mesías que sufre y triunfa. Estas consideraciones nos llevan a lo que puede llamarse el sentido más profundo de las Escrituras.»¹⁷

Pero lo hacen comparando la Escritura con la Escritura, acumulando y sintetizando evidencia bíblica y extrayendo implicaciones válidas. Los textos complementan a los textos (analogía de la Escritura). La uniformidad en las enseñanzas (analogía de la fe) se alcanza precisamente gracias a un método de interpretación bíblica no arbitrario, no caprichoso, correcto y racional. Todo este proceso de por vida es también el tejido que nos entrega la riqueza de una cosmovisión reformada.


En resumen, a pesar de su diversidad, las Escrituras muestran una gloriosa unidad de contenido. Ya sea en los libros bíblicos individuales, las doctrinas, los conceptos, los motivos, los temas, los pactos, las promesas, los fracasos, los cumplimientos, los géneros, los autores o, en última instancia, el Dios trascendente y excelso de la santidad que es poderoso y misericordioso para salvar al hombre de su miserable condición, no tenemos razón para concluir que la Biblia es una colección dispersa de escritos. Es una necedad buscar activamente desatar el cristianismo neotestamentario del Antiguo Testamento. ¿Por qué? Porque como ha afirmado el filósofo reformado James Anderson: «Si desenganchas el cristianismo del Antiguo Testamento, eventualmente desenganchará el cristianismo de Cristo, porque Cristo se enganchó a sí mismo al Antiguo Testamento».¹⁸


Estrategias de Lectura Sugeridas para Comprender las Sagradas Escrituras

Para comprender el significado de un texto de las Escrituras, hay que aplicar el propio proceso de pensamiento al proceso de pensamiento de los autores de las Escrituras (especialmente de su último Autor divino). El lector de las Escrituras puede captar su significado solo en la medida en que aprecia cada vez más el estilo, el contenido y las convenciones de comunicación integradas en el texto. ¿Por qué? Porque Dios reveló su Palabra a través de autores humanos en la historia concreta del tiempo y el espacio mientras trataba con su pueblo en circunstancias específicas. No buscamos penetrar el texto para llegar a algo más allá de las palabras y las proposiciones de las Escrituras, porque la revelación especial de Dios son las propias palabras y proposiciones que componen el texto de las Escrituras. «Santifícalos en tu verdad; tu Palabra es verdad» (Juan 17:17), dijo el Señor Jesús. Todo el significado se encuentra en el texto, no detrás ni más allá de él.


Así es como el lector accede al proceso de pensamiento de los autores bíblicos y del último Autor divino de las Escrituras: todo lo que se extrae explícita o implícitamente del texto, dadas sus características y posibilidades correctamente entendidas, es lo que los autores y el Autor pretendían comunicar. El lector debe estar dispuesto a comprometerse con el texto en sus propios términos: los términos dictados por sus autores y su Autor. La atención cuidadosa, cercana y reflexiva al texto es la única opción para el calvinista confesional como cuestión de compromiso y convicción bíblica. El salmista nos recuerda: «Has engrandecido tu Palabra sobre todas las cosas» (Salmo 138:2). Así es como el pueblo de Dios oye su voz.


Primero, debemos examinar el texto elegido apropiadamente mediante una lectura cercana, atenta, reflexiva y repetida del pasaje. Un texto apropiado significa básicamente una unidad coherente de pensamiento de entre una oración y un párrafo de extensión. La extensión del texto dependerá usualmente del género del que forma parte en las Escrituras.


Por ejemplo, en una porción narrativa de la Biblia, un pasaje de prosa prolongado de muchos párrafos puede dividirse en muchas partes que comunican diversas corrientes de pensamiento, episodios de vida que involucran personas y eventos, que contribuyen a su flujo general. La prosa se presta a las cualidades de las narraciones, ya sean personales (por ejemplo, la historia de Abraham), familiares (por ejemplo, la historia de Jacob y sus hijos) o nacionales (por ejemplo, la historia de Israel durante el período del reino unido). Todas comparten ciertas cualidades que transmiten la verdad de manera prominente a través de las historias de personas, lugares, eventos, conflictos, fracasos y triunfos.


Sin embargo, a diferencia de la prosa narrativa, la Biblia también emplea el vehículo de la poesía para transmitir sus pensamientos y la verdad. Los Salmos, por ejemplo, son expresiones líricas de alabanza, celebración, lamento, queja e incluso las profundidades de la desesperación. Estos pasajes contienen unidades de pensamiento más abreviadas y concentradas. Sin embargo, con toda su brevedad e ingenio, no carecen de nada en profundidad, significación, inmanencia, trascendencia y aplicabilidad al lector.


Una lectura cercana y atenta de un texto bíblico elegido apropiadamente implica, pues, una insatisfacción con una lectura meramente superficial. Implica una profunda insatisfacción con una comprensión superficial del texto bíblico. La lectura cercana y atenta significa estar tan pendiente de la emergencia del significado de la revelación escritural como una madre en espera está pendiente del nacimiento de su bebé. Una madre pasa nueve meses monitoreando de cerca el progreso de su embarazo. Come correctamente. Se adapta a las náuseas de los primeros meses comiendo estratégicamente para retener los alimentos. Tiene visitas médicas regulares y frecuentes para ultrasonidos y análisis de sangre. El día del parto, se dispone de una multitud de medidas para asegurar un parto seguro y exitoso para madre e hijo. De manera similar, un lector responsable es un lector serio que monitorea de cerca su comprensión del texto de acuerdo con el propio texto.


¿De qué es consciente una lectura cercana de la Biblia? Es consciente de:


  • No imponer significados en el texto

  • El contenido, la estructura, la función y el contexto del pasaje

  • Su integración con otros textos de las Escrituras, especialmente con significación cristológica

  • Extraer ideas y conclusiones solo del propio texto

Una lectura cercana y atenta de la Biblia es una estrategia que busca extraer deducciones basadas en evidencias del análisis del contenido y los detalles del propio texto. El éxito de esta estrategia mejora con lecturas repetidas y se enriquece al pensar en los detalles del texto a lo largo del continuo de la revelación de la persona, la obra y los oficios del Señor Jesús. Después de todo, el lector reflexivo no debe cerrar indebidamente un texto particular a su integración con el resto de la significación cristológica de las Escrituras. Ningún texto de las Escrituras es una isla en sí mismo. Ningún significado de ningún texto particular de las Escrituras está varado del resto de las Escrituras.


Segundo, examinemos el flujo de pensamiento desplegado en el pasaje elegido, así como cómo encaja funcionalmente dentro de su contexto literario circundante. Por ejemplo, si el texto elegido es una o dos oraciones, ¿cómo encaja dentro del párrafo? Si el texto elegido es un párrafo, ¿cómo encaja dentro de su contexto circundante más amplio?


Independientemente de la extensión del texto en consideración, el examen del lector tendrá que incluir el uso del lenguaje, la función de la gramática, los términos especiales, los patrones de organización, las figuras retóricas y otras cuestiones similares. Una vez más, estas suelen depender del género del que forma parte el texto en las Escrituras.


Más allá de estas consideraciones contextuales literarias inmediatas, el lector siempre debe estar dispuesto a prestar atención a consideraciones temáticas más amplias a lo largo del canon de las Escrituras. Como se afirmó anteriormente, ningún pasaje de las Escrituras es una isla en sí mismo, ni el significado de ningún texto particular está varado del resto de las Escrituras. Entre los temas teológicos más importantes de la Biblia se encuentra cómo Dios inició, continuó y culminó su obra redentora en Cristo. Desde su anuncio hasta su cumplimiento en el Antiguo y el Nuevo Testamento, respectivamente, el lector e intérprete cuidadoso integrará los diversos significados de los libros bíblicos en cada testamento con el significado abarcador del Cristo que llevó a cabo la salvación a lo largo de líneas histórico-redentoras, como la cadena de islas de un archipiélago.


Conclusión: ¡Toma y Lee!

¿Cuál es el resultado final? No importa cuántos supuestos hermenéuticos fundamentales y las estrategias de lectura interpretativa que de ellos se derivan haya, el resultado final es este, como Agustín escuchó cantar un día a un grupo de niños mientras jugaban: ¡Toma y lee! Todos los creyentes, incluyendo los calvinistas confesionales, pueden coincidir de todo corazón en eso. Lo que nos espera a todos es simplemente tomar nuestras Biblias y leer. Al hacerlo, atenderemos a la voz de Dios al atender lo que dicen las Escrituras.



En conclusión, el verdadero intérprete calvinista confesional de las Escrituras no es ni un carnicero del texto bíblico ni un biblicista ingenuo y superficial. El calvinista confesional sigue el ejemplo bíblico de los bereanos y el sabio consejo de William Hendriksen de llegar a estar «completamente familiarizado» con la Biblia «leyendo la Biblia misma. No leas una pequeña porción sino un libro a la vez; digamos, el Génesis en su totalidad. ¿Qué viene después? ¡Léelo de nuevo! ¡Al menos tres veces! ¡Entra en el espíritu del libro! ¡Ve al Cristo revelado en él!».¹⁹


Notas

  1. Cornelio Van Til, prólogo a Study Your Bible: A Self Study Course for Bible Believing Christians, de Edward J. Young (Grand Rapids, MI: Eerdmans, 1934), 3.
  2. Robert H. Stein, A Basic Guide to Interpreting the Bible: Playing by the Rules, 2.ª ed. (Grand Rapids, MI: Baker Academic, 2011), 44.
  3. J. R. R. Tolkien, El Hobbit (Boston: Houghton Mifflin, 1966), 17–18.
  4. Cornelio Van Til, prólogo a Study Your Bible, 3–4.
  5. Vern S. Poythress, «Biblical Hermeneutics», en Seeing Christ in All of Scripture: Hermeneutics at Westminster Theological Seminary, ed. Peter A. Lillback (Philadelphia: Westminster Seminary Press, 2016), 9.
  6. R. C. Sproul, Knowing Scripture (Downers Grove: InterVarsity Press, 1977), 16.
  7. «Calvinism Debate Joseph Pipa vs Dave Hunt», 27 de noviembre de 2021, video, https://www.youtube.com/watch?v=LbdD40rGVFs.
  8. Louis Berkhof, Principles of Biblical Interpretation (Grand Rapids, MI: Baker Book House, 1950), 59.
  9. Gordon H. Clark, What Do Presbyterians Believe? (Phillipsburg: P&R Publishing, 1965), 23.
  10. William Ames, The Marrow of Theology (Grand Rapids, MI: Baker Books, 1997), 187–88.
  11. Berkhof, Principles, 26.
  12. William Whitaker, Disputations on Holy Scripture (Morgan, PA: Soli Deo Gloria Publications, 2000), 405.
  13. Berkhof, Principles, 53.
  14. Mark Garcia, «Constructing the Cosmos, the Woman, the Glory: Proverbs 31 Reconsidered», 8 de julio de 2021, en Greystone Conversations, producido por Greystone Theological Institute, podcast, 59:59, https://podcasts.apple.com/us/podcast/greystone-conversations/id1518156157?i=1000528203521.
  15. Garcia, «Constructing the Cosmos...», 1:00:34.
  16. Berkhof, Principles, 60.
  17. Publicado originalmente en X (antes Twitter) por el Dr. James N. Anderson (@proginosko) el 5 de octubre de 2023 a las 12:56 p.m.
  18. William Hendriksen, Survey of the Bible (Grand Rapids, MI: Baker Books, 1995), 43.


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By Roberto Gazga May 28, 2026
¿Distinguimos? Biblicismo, Fantasmas, y Bereanos De: Cristo: Su Alcance y Cetro — por Roberto Gazga Introducción: Las Disputas en las Redes Sociales y el Problema del Biblicismo Las disputas entre cristianos en las redes sociales pueden resultar divertidas... hasta que dejan de serlo. Cuando los ánimos se encienden, lo que se pone en tela de juicio es la inteligencia, la integridad o la ortodoxia de alguien. Cuando los ánimos se calman, se nos dice que mantengamos los debates centrados en las doctrinas, no en las personas. Sin embargo, el espíritu de partido es difícil de evitar. Incluso invadió a la iglesia primitiva cuando varias facciones en Corinto proclamaban: «Yo soy de Pablo», «yo soy de Apolos», «yo soy de Cefas», «yo soy de Cristo». Lo mismo puede observarse en los debates sobre el tema, innecesariamente exasperante, del biblicismo. El tema del biblicismo ha vuelto a encenderse en años recientes y no da señales de apagarse tranquilamente. En su mayor parte he evitado participar en tales debates y discusiones en línea, pues han sido abordados por diversos autores, pastores y laicos hasta la saciedad. Hemos llegado al punto en que blogs, videos y podcasts hacen referencia frecuente al biblicismo como un contraste con el confesionalismo, y en ocasiones malinterpretan ambos. Irónicamente, los anti-biblicistas generan más calor que luz en sus tratamientos del biblicismo, y debatirlo no siempre resulta provechoso. ¿Qué es el biblicismo y por qué importa? Según el diccionario Merriam-Webster, el biblicismo denota «adhesión a la letra de la Biblia», y su primer uso registrado data de 1805, aunque sin citar fuente alguna. A partir de esta definición básica, no puede derivarse de manera obvia ni justa ninguna connotación positiva o negativa. Por el contrario, muchos teólogos y eruditos bíblicos evangélicos lo definen de manera que adquiere connotaciones decididamente negativas, cuando no denotaciones. Un ejemplo es Michael F. Bird, quien define y describe el biblicismo del siguiente modo: El biblicismo es un enfoque que considera la Biblia como la fuente exclusiva para formular la fe y la práctica cristiana, con un rechazo explícito de la necesidad del trasfondo histórico, de la sabiduría proveniente de la tradición más amplia, del reconocimiento de la influencia del propio contexto cultural y de las perspectivas externas al grupo; y que, sin embargo, inconscientemente sustituye el trasfondo histórico por figuras históricas veneradas, ensaya su propia tradición, reifica ciertos valores culturales y refuerza las fronteras internas del grupo.⁴⁴ Otro ejemplo proviene del blog The Heidelblog, que observa: El biblicismo no es el intento de ser fiel a las Escrituras, es decir, de ser bíblico. Antes bien, en su forma extrema, el biblicismo es el intento de leer las Escrituras en aislamiento: en aislamiento del resto de las Escrituras y en aislamiento de los credos ecuménicos y las confesiones producidas por las diversas iglesias. Es el intento de interpretar las Escrituras como si nadie las hubiera leído antes. Intenta interpretarlas al margen de la historia de la iglesia y, en especial, de la historia de la interpretación. Es el intento de interpretarlas al margen de la teología sistemática o independientemente de uno o más de los demás departamentos de la teología, como la teología práctica.⁴⁵ Si estas definiciones negativas son el estándar de oro, los creyentes que son deliberadamente confesionales —quienes adhieren a declaraciones detalladas de las principales doctrinas bíblicas resumidas en un sistema, como los Treinta y nueve Artículos, la Confesión de Fe de Westminster o la Segunda Confesión de Fe Bautista de Londres— no pueden, en términos coherentes, ser biblicistas. Al fin y al cabo, los cristianos confesionales abrazan con entusiasmo la sabiduría y las resoluciones de quienes nos precedieron, esa gran nube de testigos interpretativos cuyos zapatos no somos dignos de desatar. Sin embargo, antes de que el calvinista confesional quede satisfecho, sería provechoso poner a prueba el significado negativo y peyorativo del biblicismo. Después de todo, si se reconoce el biblicismo en su forma extrema, ¿no sería posible que existiera un biblicismo en forma no extrema o no peyorativa? Profundizando un Poco Más Cualquiera que sea la perspectiva de protestantes, evangélicos o calvinistas confesionales sobre cómo definir y describir el biblicismo, un enfoque que favorece la aseveración más que el argumento, y los peyorativos más que las premisas, parece poco fructífero. Esto puede resultar sumamente difícil para algunos, dada la función axiomática que cumple el biblicismo como término exclusivamente peyorativo.⁴⁶ En pocas palabras: el biblicismo es el fantasma del armario. En su libro de reciente publicación, The Reformation as Renewal [La Reforma como Renovación], el Dr. Matthew Barrett diagnosticó el biblicismo mediante un conjunto de «síntomas» y señaló que su supuesto primer uso como peyorativo data de 1827,⁴⁷ sin indicar que dicho empleo fue obra de un sacerdote católico romano.⁴⁸ Irónicamente, Barrett siguió el camino del sacerdote al emplear la metáfora de la enfermedad: el sacerdote describió el biblicismo como una dolencia que se «contagiaba» y se «propagaba». Esta omisión de la identidad del autor como sacerdote católico romano es de vital importancia, dado que la apologética romana común contra la sola scriptura fue, a partir de ese momento, peyorativamente etiquetada como «biblicismo».⁴⁹ Conviene recordar, no obstante, que para la Iglesia Católica Romana las Escrituras canónicas por sí solas no alcanzan el rango de Palabra de Dios a menos que se correlacionen o conjuguen con la Tradición, de modo que la posición protestante resulta inconcebible desde el principio. Debemos distinguir. ¿Pero acaso el primer uso derogatorio o peyorativo de un término determina su uso futuro para todas las personas y para siempre? El término cristiano, por ejemplo, fue originalmente empleado por infieles para identificar a los creyentes y perseguirlos por querer imitar a Cristo: «Míralos, son pequeños Cristos». Los primeros cristianos, gracias a su santa audacia, abrazaron el término cristiano como una insignia de honor. Y creyentes de toda orientación, biblicistas y confesionalistas por igual, han sido conocidos como cristianos durante dos milenios. Lo que los infieles pensaron para mal, los creyentes sencillos lo tomaron para bien. Esta estrategia de tomar una etiqueta peyorativa y adoptarla ha sido repetida a lo largo de la historia cristiana. Considérense los siguientes términos —todos creados para ofender, todos adoptados por sus adherentes por diversas razones : Luterano Calvinista Protestante Puritano ¿Y si algunos creyentes sinceros, sabiendo que el uso peyorativo del biblicismo proviene de la apologética romanista contra la sola scriptura, quisieran adoptar esa etiqueta? Si el biblicismo es en sí mismo ingenuo o algo peor, hay que demostrarlo. Para consternación de algunos creyentes de orientación académica y sus entusiastas seguidores —principalmente en línea—, estos biblicistas confesionales lo consideran virtuoso tanto intelectual como devotamente. ¡Absolutamente temerarios! Al parecer, existen versiones del biblicismo que son perfectamente bíblicas y confesionales, de modo similar a como hay versiones del libre albedrío y del determinismo que son bíblicas y confesionales a pesar de las protestas en contrario. Al fin y al cabo, ¿no existen versiones de la «tradición» perfectamente coherentes con el protestantismo clásico? Roma puede tener derechos de autor sobre la Tradición con mayúscula, pero no sobre la tradición con minúscula. ¿Y si algunos creyentes sinceros —sean cultos o sencillos— abrazan la etiqueta de biblicista como una expresión intuitiva y natural de su fe en las preciosas promesas de Dios halladas en la Biblia? Isaías 66:2 dice: «Mas a este miraré: al humilde y a quien tiene el espíritu contrito, y que tiembla a mi palabra». Este temblar ante la Palabra de Dios es, como comenta Matthew Henry, «una reverencia habitual ante la majestad y la santidad de Dios, y un temor habitual de su justicia e ira. Un corazón así es un templo vivo para Dios. Él mora allí, y es el lugar de su reposo. Es como el cielo y la tierra, su trono y su estrado».⁵⁰ Así pues, temblar ante la Palabra de Dios equivale a temblar ante el propio Dios. ¿Qué motivaría a alguien —pastoral, lógica o bíblicamente— a disuadir a otro de este tipo de biblicismo? Ciertos pastores, con sensibilidades particulares, están dispuestos a ir más allá de las metáforas de enfermedad mencionadas y apuntar directamente a la yugular, equiparando el biblicismo con una «idolatría de la letra» de las Escrituras.⁵¹ ¿Qué puede significar eso cuando nuestro Señor Jesucristo mismo dice que «las palabras que yo os he hablado son espíritu y son vida» (Juan 6:63)? Lo literal es lo espiritual, y viceversa, cuando se trata de la Biblia. ¿Acaso los maestros de teología dan el debido respeto a la elevación que nuestro Señor hace de la Palabra de Dios? Temo por quienes no lo hacen. Sin embargo, el diablo está en los detalles de cómo aplicar esto en los debates sobre el biblicismo versus el confesionalismo. ¿Quién es más bíblico: el biblicista no confesional, el confesionalista no biblicista o el biblicista confesional? Lo sé: las cabezas están a punto de estallar. Pero debemos distinguir, ¿verdad? Más fácil decirlo que hacerlo. ¿Definir y Refutar el Biblicismo? Los opositores recientes al biblicismo han tenido éxito variable al ofrecer definiciones de aquello que combaten, en gran parte porque confunden sus verdaderos orígenes. Permítaseme mencionar algunos ejemplos. El Instituto Davenant produjo un video titulado «¿Es malo el biblicismo?», en el que Alistair Roberts definió el biblicismo como «esa elevación de la Biblia a un nivel tan alto que oscurece otras cosas que necesitamos tener en cuenta».⁵² Sin embargo, debe señalarse que el Dr. Roberts prefació su definición reconociendo el Cuadrilátero de Bebbington, en el que el biblicismo es simplemente uno de los cuatro rasgos distintivos del evangelicalismo, que denota la manera en que los evangélicos expresan su compromiso teológico último.⁵³ La cuádruple clasificación del evangelicalismo de David Bebbington comprende cuatro rasgos —en un sentido no peyorativo y «fenomenológico»:⁵⁴ Conversionismo Activismo Crucicentrismo Biblicismo Por tanto, si el biblicismo queda irrefutablemente demostrado como teológicamente peyorativo y sociológicamente aceptable (o al menos neutral), esto plantea la pregunta: ¿convierte eso al evangelicalismo en una torre de Jenga a punto de derrumbarse? Quizás sí, si aceptamos el sentido peyorativo del biblicismo. Volvamos a la definición de Roberts. ¿Es siquiera posible elevar la Biblia a un grado y nivel inaceptablemente alto? El autor divino y humano del Salmo 119 —el capítulo más extenso de la Biblia, dedicado a la Biblia misma— podría no estar de acuerdo. Un pasaje más breve se encuentra en el Salmo 138:2. David eleva notablemente las apuestas biblicistas y parecería arruinar la causa del anti-biblicismo, o al menos de la definición de Roberts: «Porque has engrandecido tu nombre, y tu palabra sobre todas las cosas». Se supone que los cristianos somos el pueblo del libro. Dado que el propio Dios ha engrandecido su Palabra, parecería eliminar la posibilidad de que esta oscurezca cualquier cosa que valga la pena. Todos los creyentes deberían elevar la Biblia al máximo grado posible. Nuestros problemas nunca parecen ser una supuesta idolatría de la letra, sino una negligencia o sustitución de la misma. Roberts intenta hacer un punto curioso cuando aduce el silencio de la Biblia sobre un determinado tema para ilustrar la supuesta existencia de una laguna ética en la Palabra de Dios. De manera bastante desconcertante, Roberts afirma que la Biblia guarda silencio sobre la necrofilia. ¿Es esto simplemente un impulso académico para marcar puntos con los seguidores anti-biblicistas a nivel popular? No creo que la tarea probatoria del anti-biblicismo se vea bien servida con este tipo de evidencia o argumentación. Génesis 1 y 2 tiene algo que decir sobre el sexo, el matrimonio y la fecundidad. Además, la plenitud del significado del matrimonio revelada en el Nuevo Testamento tiene implicaciones para la profanación de los cuerpos que implica la necrofilia. La definición de biblicismo de Roberts no especifica en qué sentido la elevación de la Biblia llevará necesariamente a oscurecer, por ejemplo, la ley natural o temas éticos como el ejemplo de la necrofilia. De hecho, encuentro que todo este enfoque es una degradación deshonesta, no digna de un debate serio. En política, el primero que menciona a Hitler pierde. En ética cristiana, el que afirma que la Biblia no determina si la necrofilia es lícita, también pierde. La necrofilia puede ser abordada de manera razonablemente bíblica y confesional como una práctica pecaminosa mediante una exposición cabalmente reformada de la ley moral de Dios. Todo lo que quede fuera del ámbito de las prácticas sexuales lícitas es pecaminoso, ya sea que esté explícita o solo implícitamente en las Escrituras. Quien crea que la Biblia guarda silencio sobre algún asunto moral debería reflexionar con mayor detenimiento. Más aún, el silencio bíblico no debe equipararse con la ausencia de un versículo explícito que aborde directamente un asunto particular. Al fin y al cabo, incluso los cristianos no confesionales creen en la Trinidad por «buena y necesaria consecuencia» —o como se prefiere formularlo, como algo «necesariamente contenido» en las Escrituras, tal como establece la Segunda Confesión de Fe Bautista de Londres. Los Sadúceos, el Señor Jesús y el Silencio Bíblico Hablando de buena y necesaria consecuencia —o de lo que está necesariamente contenido en las Escrituras—, los saduceos argüyeron en cierta ocasión de manera similar a Alistair Roberts, según registra Mateo 22:23-33. Intentaron obtener puntos a favor cuestionando al Señor Jesús con un dilema sobre la resurrección. Estaban bajo la falsa impresión de que Jesús era un hombre poco sofisticado, ignorante, ingenuo y poco bíblico. Dado que los saduceos consideraban que Moisés guardaba silencio sobre la vida después de la muerte y una futura resurrección corporal, plantearon una reductio ad absurdum: lo hicieron sobre la base de su noción del silencio de la revelación especial respecto a la resurrección. ¿De quién sería esposa una mujer en la resurrección si sus siete maridos anteriores eran hermanos y habían muerto sucesivamente? El Señor Jesús extrae dos conclusiones válidas del supuesto silencio bíblico, combatiendo así la superficialidad bíblica más que el silencio en sí. En primer lugar, el propósito y la función del matrimonio se cumplen en esta vida terrenal, por lo que suponer que el matrimonio continúa en la resurrección es un error. ¿Por qué asumir eso? En segundo lugar, los saduceos no leyeron correctamente las Escrituras por no leerlas ni atenta ni canónicamente, pues una declaración divina central establecía la verdad de la resurrección: «Yo soy el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob». El Logos, Jesús, extrae la implicación lógica válida de que Dios no es Dios de los muertos sino de los vivos. Pareciera que la necesidad de la resurrección viene exigida por el tiempo presente del verbo soy en la declaración de Dios en relación con Abraham, Isaac y Jacob. Déjese a Jesús ofrecerles un hueso biblicista en su kebab. Y eso con respecto a la idolatría de la letra. Las Definiciones de Steffaniak: ¿Biblicismo Duro y Suave? Jordan Steffaniak, del London Lyceum, ofrece otra refutación reciente del biblicismo. ¿Es más exitoso que Alistair Roberts del Instituto Davenant? Steffaniak describe el biblicismo como «un amor desordenado» con efectos inevitablemente «corrosivos» tanto para la fe como para la práctica.⁵⁵ Las descripciones, sin embargo, son más fáciles que las definiciones. De hecho, Steffaniak confiesa —el doble sentido es intencional— que existen «varias maneras en que el biblicismo podría definirse». ¡Este es el meollo del asunto! Como hemos visto, el biblicismo tiene una definición peyorativa consistente en el ámbito católico romano, motivada por un interés apologético anti-Sola Scriptura. Pero el uso protestante en el siglo XIX evolucionó desde el neutro y el positivo hasta el peyorativo —posiblemente debido al abandono creciente del confesionalismo y al aumento de las tradiciones no confesionales. El biblicismo hoy en día no goza de una definición estándar como sí la tienen otros términos, como infralapsariano o supralapsariano, por ejemplo. Y aunque el infra y el supra unidos al lapsariano significan algo objetivamente, la misma deferencia no se le concede al biblicismo. ¡La raíz bibl está ahí mismo, al inicio de la palabra! ¿Por qué recibirla con los brazos cruzados? Steffaniak ofrece la siguiente definición: «Las Escrituras son autoritativas para todos los conceptos de Dios (y cualquier otro lugar teológico, como la moral, la antropología, etc.). Por lo tanto, los compromisos teológicos deben surgir únicamente de las Escrituras y ser coherentes con ellas. La intuición, el credo, la confesión, la tradición o cualquier otra fuente es incompatible con la supremacía de las Escrituras».⁵⁶ Añade además que «esta versión dura del biblicismo tal como aquí se define es imposible», pues no permite ningún aporte extra-bíblico para la construcción teológica si se pretende mantener fielmente la supremacía y suficiencia de las Escrituras.⁵⁷ Así pues, la característica distintiva clave del biblicismo frente a la genuina sola scriptura es el significado y la aplicación del calificador solo. Por el momento, dejaré de lado la representación que hace Steffaniak del papel que la intuición, el credo, la confesión, la tradición y similares podrían desempeñar en una genuina visión de la sola scriptura. Lo importante es que, para Steffaniak, el biblicismo excluye esas cosas extra-bíblicas incluso como autoridades subordinadas bajo la Escritura como autoridad suprema. El Problema Lógico del Argumento Anti-Biblicista En el proceso de arrinconar al oponente en una disputa, uno debe asegurarse de calzar el zapato adecuado para evitar mancharse de pintura. De lo contrario, puede resultar algo así como una victoria pírrica. En otras palabras, es preferible no atribuir a un argumento más de lo que puede sostener. Steffaniak afirma que un problema insuperable del biblicismo, tal como él lo define, es que dado que «es inviable derivar cualquier concepto teológico de las Escrituras sin un medio secundario aparte de las Escrituras mismas», entonces incluso la teología «no puede hacerse». Steffaniak extiende la pintura proverbial al empujar a su oponente biblicista hacia el rincón, afirmando que incluso «la lectura básica del texto y la formación de una idea a partir de él es en sí misma algo externo a las Escrituras». Por lo tanto, concluye, «nadie puede adherirse de manera coherente al biblicismo, porque el biblicismo mismo es un concepto teológico derivado racionalmente de las Escrituras, y resulta por tanto inaceptable como teoría sobre la base de su propia premisa. Más aún, semejante visión de la teología es inconsistente con la propia visión de las Escrituras».⁵⁸ Nadie es infalible. A pesar de las buenas intenciones, no siempre es posible desplegar el «pensamiento serio para una iglesia seria», como reza el lema del London Lyceum. Creo que el argumento de Steffaniak no es tan sólido ni tan convincente como él imagina, al menos desde la perspectiva de, digamos, un biblicista confesional. Pueden hacerse muchas observaciones críticas, pero quiero centrarme en ciertos detalles. En la medida de mis posibilidades, el argumento de Steffaniak puede destilarse de la siguiente manera: Premisa 1: El biblicismo sostiene que siempre es viable derivar conceptos teológicos únicamente de las Escrituras, sin medios secundarios tales como la razón, los credos o incluso el acto mismo de leer para formar ideas en la contemplación de las Escrituras. Premisa 2: Es inviable derivar cualquier concepto teológico únicamente de las Escrituras sin tales medios secundarios —incluido el acto de leer—, porque estos serían distintos de las Escrituras mismas. Conclusión: Por lo tanto, dado que la idea del biblicismo debe derivarse de la lectura de las Escrituras, resulta incoherente en términos autoreferentes y no puede sostenerse de manera viable. La Premisa 1 es una proposición que combina lo que el biblicismo afirma con lo que el biblicismo implica, y por tanto asume lo que aún debe probarse. Esta es la falacia de petición de principio. Steffaniak explica que el acto de leer es un medio secundario de conocimiento o adquisición de saber que no deriva de las Escrituras mismas. Afirma que «el razonamiento contemplativo es una parte esencial de la teología si deseamos hacer algo más que la mera repetición literal de las Escrituras en la que el biblicismo nos encerraría».⁵⁹ El biblicista confesional no concedería esta implicación, sino que simplemente sostendría que la lectura, como la razón misma, es simplemente el modo en que Dios ordenó que los portadores de su imagen entraran en contacto con la revelación especial divina en forma textual. Dios diseñó y causó la inspiración verbal y plenaria de las Escrituras para que encajaran en nuestras facultades cognitivas como manos en guantes. En principio, la adecuación del lenguaje humano ha sido unida a nuestras facultades cognitivas suficientemente para el propósito que Dios le asignó. Por lo tanto, no es evidente —ni mucho menos está probado— que el acto de leer sea incompatible con la viabilidad de derivar conceptos teológicos únicamente de las Escrituras. Dicho esto, la Premisa 2 pareciera insistir en requerir los llamados medios secundarios más allá de las Escrituras para la labor teológica. Basta con proporcionar un ejemplo o instancia de derivación de un concepto teológico únicamente a partir de las Escrituras sin un medio secundario, aunque dicha labor teológica se atribuya al simple acto de leer. ¿Dónde debe buscar el biblicista confesional? ¡Preguntarlo es responderlo! La respuesta al biblicismo hipotético de Steffaniak se encuentra en ofrecer contraejemplos provenientes de las mismas Escrituras, incluyendo —aunque no limitándose a— el modo en que las Escrituras atestiguan cómo los apóstoles y el Señor Jesús teologizaron. El problema es que la Premisa 2 parece formularse a partir de una supuesta verdad evidente por sí misma. Si alguna vez llegara a encontrar a un biblicista según la definición de Steffaniak, no haría la afirmación de la Premisa 2 que hace Steffaniak. En cambio, ofrecería una respuesta marcadamente protestante, evangélica, confesional y —me atrevo a decirlo— biblicista. Romanos 4:3 dice: «Porque ¿qué dice la Escritura? Creyó Abraham a Dios, y le fue contado por justicia». Y continuando con los versículos 6 y 7: «Como también David describe la bienaventuranza del hombre a quien Dios imputa justicia sin obras: Bienaventurados aquellos cuyas iniquidades son perdonadas». Romanos 4, donde Pablo argumenta a favor de la justificación solo por fe, refuta la Premisa 2 de Steffaniak en lo que respecta al biblicismo confesional. ¿Por qué? Porque el apóstol Pablo derivó el concepto teológico y la conclusión de la justificación por sola fe a partir del relato del Antiguo Testamento en Génesis 15 y del poema del Salmo 32. No solo puede ser viable este tipo de labor teológica, sino que también debemos recordar por parte de quiénes debe sostenerse de manera viable. La audiencia de Pablo en la iglesia de Roma no era sofisticada ni filosóficamente inclinada. Entre ellos había: Comerciantes Pobres y humildes Analfabetos Quizás hasta esclavos No todos los miembros podían leer las Escrituras por sí mismos, pero ciertamente todos las escuchaban leer colectivamente y predicar públicamente en los cultos de adoración del día del Señor. No lo olvidemos: «La fe viene por el oír, y el oír, por la palabra de Dios». Dado que todos podemos viablemente teologizar a partir de las Escrituras, nos identifiquemos o no como biblicistas, sirve de poco demarcar el supuesto biblicismo mediante una definición tan estricta con tan poca reflexión práctica en la realidad. El protestantismo es famoso por teologizar a partir de la Sola Scriptura en lo que respecta a la justificación, ¿verdad? ¿Y a la perspicuidad de las Escrituras, correcto? La Premisa 2 de Steffaniak postula demasiado para el biblicista confesional. Teologizar para el biblicista confesional no hace al protestantismo incoherente en términos autoreferentes. El Biblicismo «Suave» y el Problema de la Prioridad Temporal Al percibir que esta definición inicial de una versión dura del biblicismo es difícil de mantener por parte de un biblicista imaginario —un fantasma en algún lugar—, Steffaniak ofrece una «ruta más matizada hacia un marco biblicista».⁶⁰ Esta definición más matizada de un biblicismo más suave rechaza que la labor teológica deba realizarse apelando únicamente a las Escrituras, pero sí otorga primacía a las Escrituras antes que a otras fuentes secundarias. Define esta forma matizada y más suave del biblicismo de la siguiente manera: Las Escrituras son autoritativas para todos los conceptos de Dios (y cualquier otro lugar teológico, como la moral, la antropología, etc.). Por lo tanto, los compromisos teológicos deben surgir primero de las Escrituras y ser coherentes con ellas. La intuición, el credo, la confesión, la tradición o cualquier otra fuente es incompatible con la supremacía de las Escrituras si se entienden como temporalmente anteriores a las Escrituras.⁶¹ Al final, esta definición de una forma más suave del biblicismo que enfatiza la prioridad temporal también puede refutarse. En la experiencia de la mayoría de los creyentes al encontrarse con las Escrituras, sus compromisos teológicos nacen necesariamente de la prioridad temporal de cualquier porción de las Escrituras a la que estén expuestos. Puede que no sea su principio, sino simplemente su práctica. Una vez más, la mayoría de los creyentes son personas comunes, no seminaristas ni filósofos. La segunda definición de Steffaniak plantea la necesidad de distinguir además entre biblicistas de jure y biblicistas de facto. Concluye citando con aprobación a Michael Allen y Scott Swain, quienes describen el biblicismo en última instancia como el «hijo bastardo amamantado en el seno del racionalismo moderno y el individualismo».⁶² El debate escaló con rapidez. Irónicamente, en el artículo inmediatamente siguiente de la misma publicación en que aparece la evaluación negativa de Steffaniak, el entrevistado describe el biblicismo como «la convicción protestante de la sola scriptura: que solo la Biblia es la autoridad final para la fe y la práctica cristiana», y coincidiendo con David Bebbington en que «el biblicismo pretendía enfatizar que los evangélicos son cristianos ortodoxos».⁶³ El Biblicismo en Perspectiva: Montaña o Hormiguero La realidad parece reflejar que el biblicismo es tratado como una montaña en lugar de reconocerse como el hormiguero que realmente es. No solo deben los creyentes maduros ser capaces de distinguir correctamente entre doctrinas sanas e insanas, sino que también deben distinguir entre los distintos niveles de capacidad de enseñanza de las personas. Al biblicista convencido que orgullosamente proclama «¡Ningún credo sino Cristo!» se le puede corregir fácilmente. Si el creyente nuevo muestra sensibilidades biblicistas duras o suaves, no debe ser mirado como peligroso ni como alguien gravemente equivocado. Las mejores prácticas pastorales parecerían requerir que el creyente más maduro lo trate con respeto, como se trataría a un nuevo convertido del primer siglo si uno se transportara a esa época. Un creyente sencillo con una Biblia en mano, el Espíritu Santo en el corazón y pastores y maestros pacientes puede poner el mundo al revés. Si eso es todo lo que tiene, lo tiene todo. Sí, hay crecimiento en la escuela de Cristo. «¡Ningún credo sino Cristo!» puede haber sido un eslogan conocido de ciertas denominaciones de antaño, pero hoy principalmente lo escucho de parte de ciertos académicos y sus seguidores que repiten puntos anti-biblicistas preempaquetados. Y como se mencionó, estos puntos ni siquiera aciertan en el origen o uso del término ni en sus modificaciones posteriores. En otras palabras, los postes de la portería del biblicismo siguen moviéndose. ¿Puede imaginarse la inadecuación de estos argumentos ante el biblicista ingenuo y sincero que necesita instrucción? Si usted conoce a algún biblicista no denominacional, de santidad, de las Asambleas de Dios, de la Iglesia Libre o bautista de los de toda la vida, ¿no sería más honroso para Dios y más fructífero razonar y leer las Escrituras con él? El creyente sincero puede tener tendencias «biblicistas» y ser anti-confesional. Escucha argumentos que descienden al ataque personal y se pregunta por qué se supone que esto refuta el biblicismo de manera contundente. ¿Es que los confesionalistas, se preguntarán, no saben nada de Pablo y los bereanos? Es como si algunos reformados y bautistas reformados —mi propia tradición— no recordaran haber sido arminianistas populares ellos mismos y haber llegado a aceptar las doctrinas de la gracia —los llamados cinco puntos del calvinismo— tras mucha lucha. Lamentablemente, hay demasiados confesionalistas profesantes que no se molestan en respetar al creyente extraviado que opera bajo suposiciones antibíblicas, como la de aferrarse únicamente a declaraciones explícitas de las Escrituras. Una estrategia reciente entre los activistas medioambientales es acusar de «homicidio climático». Están imputando a las compañías petroleras la responsabilidad por eventos climáticos extremos, el aumento del nivel del mar, etc. Pero esta acusación se basa en la llamada «ciencia de atribución», que postula conexiones no debatibles entre determinadas acciones humanas y ciertos efectos medioambientales. En este punto, algunos bautistas reformados están adoptando involuntariamente este enfoque: una especie de «teología de atribución» que afirma que el biblicismo lleva a Roma.⁶⁴ ¡Oh, ironía de ironías! Sofei Finngan hubiera deseado que así fuera. Me temo que esto no es más que un intento vacío de hacer alarde de una teología supuestamente superior. Es más una non sequitur que una virtud. Conclusión: Bereanos Confesionales Si a estas alturas, estimado lector, no está más cerca de una definición técnica estándar del biblicismo acordada por todas las partes, significa que las partes involucradas están hablando en lenguas distintas. El biblicismo es un fantasma equívoco, pero fantasma al fin. Por eso yo prefiero el término bereano. Es bíblico y encaja cómodamente con mi calvinismo confesional. Durante uno de los viajes misioneros del apóstol Pablo a Europa, predicó ante un grupo de griegos del norte. Con toda probabilidad eran gentiles convertidos al judaísmo, conocidos como temerosos de Dios. Asistían a una sinagoga local cuando Pablo los visitó, como era su costumbre al viajar para predicar el evangelio. Pablo predicaba a Jesús a partir de las Escrituras del Antiguo Testamento y, en lugar de cerrarse al mensaje de Pablo, estos ejercieron una nobleza o imparcialidad al escudriñar las Escrituras diariamente por sí mismos. ¿Por qué? Para verificar si las cosas que Pablo predicaba eran ciertas. Pablo razonaba con ellos a partir de las Escrituras con el propósito de persuadirlos acerca de la persona y la obra de Jesús. Los bereanos «recibieron la palabra con toda solicitud» (Hechos 17:11). ¡Examinad los espíritus! Comenzamos ofreciendo algunas definiciones y descripciones actuales del biblicismo. Aprendimos que era utilizado comúnmente, aunque no originalmente, como un enfoque romanista para ridiculizar el principio formal del protestantismo. Aunque se cita frecuentemente sin revelar su identidad y condición como sacerdote católico romano, el biblicismo como tal solo puede ser peyorativo, ya que equivale simplemente al término protestante sola scriptura. Sin embargo, a muchos protestantes confesionales actuales que defienden con fervor el uso peyorativo del biblicismo parece no ocurrírseles que el término fue originalmente neutro o positivo. El uso común posterior tuvo que cambiar de una definición neutra o positiva a una peyorativa para su empleo apologético católico romano contra la Sola Scriptura.⁶⁵ Si los apologistas, autores y sacerdotes católicos romanos del pasado gozaron del privilegio de redefinir términos en su favor y para su uso, ¿por qué no puede hacerlo cualquier otro? ¡Qué horror de horrores si algunos calvinistas confesionales quisieran recuperar el término biblicismo! Parece que la arrogancia cronológica es una calle de doble sentido. Después de todo, el abuso de un término no anula su uso correcto. Los biblicistas confesionales se sienten muy cómodos con otros términos y conceptos como Regla de Fe, catolicismo y catolicidad, por nombrar algunos. El biblicismo no sería diferente. Debemos distinguir correctamente. Los calvinistas confesionales de piel gruesa como yo bostezamos cuando nos llaman «hipercalvinistas» personas de otras tradiciones protestantes o evangélicas. Añadir un peyorativo más como biblicista no nos inmuta. Es cuestión de actitud: si no me molesta, no importa. A modo de recuento, hemos recorrido el siguiente camino: El origen del término. Aprendimos que el biblicismo era utilizado comúnmente —aunque no originalmente— como un enfoque romanista para ridiculizar el principio formal del protestantismo. Aunque se cita frecuentemente sin revelar la identidad de su autor como sacerdote católico romano, el biblicismo como tal solo puede ser peyorativo en ese uso, ya que equivale simplemente al término protestante sola scriptura. El Instituto Davenant. Su definición no fue la peor. Tuvo la virtud de ser cortés, aunque se desvió con el ejemplo de la necrofilia. Al menos reconocen el Cuadrilátero de Bebbington, en el que el biblicismo fue utilizado de manera no peyorativa. Con la lengua bien plantada en la mejilla: Bebbington puede no tener la última palabra sobre la historia de la iglesia evangélica, pero tiene más autoridad que el sacerdote católico romano Finngan —aparente originador del uso peyorativo del término. Las definiciones de Steffaniak. Discutimos sus versiones dura y suave del biblicismo. Creo haber demostrado que un biblicista que se precie puede evitar eficazmente ser arrinconado, y quizás simultáneamente haber mostrado que Steffaniak tampoco puede evitar ser salpicado y manchado de pintura. La «teología de atribución». Echamos una brevísima mirada de soslayo a la estrategia popular que simplemente afirma que el biblicismo conduce a Roma. Eso es teología de atribución, y es también la mayor de las ironías, dado que Sofei Finngan aparentemente originó el uso peyorativo del término siendo sacerdote católico romano. El biblicismo debe ser absuelto de cometer algún crimen horrendo. El biblicismo confesional puede mantenerse erguido. No necesita ser puesto en cuarentena como una dolencia contagiosa. Histórica y teológicamente, quien bien distingue, bien enseña. Epílogo: Las Palabras como Cuerpos de Agua Las palabras son como cuerpos de agua: inspiran o infunden temor. Los océanos pueden ser tranquilos o encolerizarse violentamente. Los lagos pueden nutrir o contaminarse. Los ríos pueden fluir apaciblemente o causar destrucción. El biblicismo exhibe la vida de un río. Me enseñaron que los ríos nacen de una fuente elevada. Desde allí, la gravedad y la fuerza de su movimiento hacia adelante les dan su forma, tamaño y profundidad. Debido a esos factores, con el tiempo la erosión hace que la forma y la dirección se tuerzan y se curven. Eventualmente, los ríos se curvan tanto que se vuelven oblongos y casi se tocan. A partir de ese punto, finalmente se unen y vuelven a ser rectos. Cuando se define de manera derogatoria, el biblicismo es como el río Ganges. Cuando se define de manera confesional reflejando el propio testimonio de la Biblia sobre sí misma, el biblicismo es como el Río de Vida: puro, claro, que procede del trono de Dios y del Cordero (Apocalipsis 22:1). Bíblicamente considerado, que este tratamiento del tema traiga a los lectores un beneficio duradero. «Recuérdales esto, exhortándoles delante del Señor a que no contiendan sobre palabras, lo cual para nada aprovecha, sino que es para perdición de los oyentes». — 2 Timoteo 2:14 Notas al Pie Merriam-Webster, s.v. «Biblicism», consultado el 5 de febrero de 2024, https://www.merriam-webster.com/dictionary/biblicism . Michael F. Bird, «What Is Biblicism», Euangelion (blog), 14 de agosto de 2020, http://www.patheos.com/blogs/euangelion/2020/08/what-is-biblicism/ . R. Scott Clark, «Resources on Biblicism», The Heidelblog, https://heidelblog.net/biblicism/ . Un ejemplo representativo de la afirmación de que el biblicismo siempre ha sido un término peyorativo que describe una idea y práctica que debe rechazarse: «Biblicism w/ Pastor Steve Meister», 3 de agosto de 2023, video, http://youtube.com/watch?v=P5eLPBc-MbE&t=2289s . Matthew Barrett, The Reformation As Renewal: Retrieving the One, Holy, Catholic, and Apostolic Church (Grand Rapids, MI: Zondervan Academic, 2023), 21. Chris Whisonant, «On the Origin of the Term 'Biblicism'», Alpha & Omega Ministries (blog), 25 de noviembre de 2023, https://www.aomin.org/aoblog/reformed-baptist-issues/on-the-origin-of-the-term-biblicism/ . Las investigaciones más recientes y pertinentes sobre los orígenes y el uso temprano del término «biblicismo» han descubierto información adicional que no refuta mi tesis, sino que apoya la necesidad de distinguirla correctamente y no reducirla automáticamente a un término peyorativo. Whisonant resume: «Existen siete usos del término en el siglo XIX que hemos detallado (también señalé otros usos católicos del siglo XIX de manera despectiva, pero que no tienen relevancia excepto para constatar que los católicos continuaron, después de Finngan, usando el término como sinónimo de sola scriptura). Cinco de ellos son usos positivos y dos son negativos. Debe señalarse que solo los dos usos negativos fueron mencionados por Matthew Barrett. Esto tendría el efecto de dejar a sus lectores con una comprensión distorsionada de los primeros usos del término en inglés». Chris Whisonant, «Further Thoughts on the Origin of the Term 'Biblicism'», Alpha & Omega Ministries (blog), 17 de junio de 2024, https://www.aomin.org/aoblog/further-thoughts-on-the-origins-of-the-term-biblicism/ ; «Isaiah 66», Matthew Henry Commentary on the Whole Bible (Complete), Bible Study Tools, https://www.biblestudytools.com/commentaries/matthew-henry-complete/isaiah/66.html . Josh Sommer, «Sola Scriptura & Biblicism: What's the Difference», Baptist Broadcast (blog), 20 de febrero de 2023, https://thebaptistbroadcast.com//sola-scriptura-biblicism-whats-the-difference# . Brad Belschner y Alastair Roberts, «Is Biblicism Bad?», 7 de noviembre de 2017, video, https://www.youtube.com/watch?v=LrTyM29XRNU . Daniel C., «Evaluating the Bebbington Quadrilateral», Daniel's Place: Reformata et Semper Reformanda (blog), 15 de mayo de 2017, https://puritanreformed.blogspot.com/2017/05/evaluating-bebbington-quadrilateral.html . Samuel Crossley, «Recent Developments in the Definition of Evangelicalism», Foundations 70 (primavera de 2016): 112–33, https://www.affinity.org.uk/app/uploads/2022/08/affinity-foundations-70-spring-2016.pdf . Jordan L. Steffaniak, «Everything in Nature Speaks of God: Understanding Sola Scriptura Aright», Modern Reformation 31, n.º 3 (mayo/junio de 2022): 37, https://issuu.com/modernreformation/docs/sola-345_2022_05_mr_final2_singles . Steffaniak, «Everything in Nature Speaks of God», 37. Steffaniak, «Everything in Nature Speaks of God», 41. Steffaniak, «Everything in Nature Speaks of God», 41. Steffaniak, «Everything in Nature Speaks of God», 41. Steffaniak, «Everything in Nature Speaks of God», 42. Steffaniak, «Everything in Nature Speaks of God», 41. Steffaniak, «Everything in Nature Speaks of God», 44, citando a Michael Allen y Scott R. Swain, Reformed Catholicity: The Promise of Retrieval for Theology and Biblical Interpretation (Grand Rapids, MI: Baker Academic, 2015), 85. Timothy Larsen, «Evangelical Biblicism Over the Years», entrevista de Blake Adams, Modern Reformation 31, n.º 3 (mayo/junio de 2022): 46, https://issuu.com/modernreformation/docs/sola-345_2022_05_mr_final2_singles . «Biblicism w/ Pastor Steve Meister». Véanse las notas 47 y 48 arriba. From Christ's Scope and Scepter
By Roberto Gazga May 15, 2026
Rechazo Confesional y Racional: El Retroceso Insostenible de La Cuadriga ¡O, Quadriga Qua Quadriga! La cuadriga de los cuatro sentidos es irreconciliable tanto con las declaraciones confesionales reformadas sobre el sentido de la Escritura como con la razón. Mientras que la cuadriga transforma el sentido literal en los sentidos espirituales alegórico, tropológico y anagógico como la hermenéutica oficial de la Iglesia Católica Romana, algunos que se identifican como protestantes, evangélicos y confesionales están intentando una reimaginación de la cuadriga como cuatro ángulos, cuatro sensibilidades o cuatro preguntas. Sin embargo, confesiones como la WCF y la 2LBCF comparten un lenguaje que aborda esta incompatibilidad. Ante las preguntas respectivas sobre si algún pasaje bíblico en particular tiene múltiples significados y si algún pasaje bíblico en particular tiene solo un significado, las respuestas confesionales son explícitas: (1) No, el verdadero sentido de la Escritura no es múltiple. Esta negación del sentido múltiple incluye necesariamente el rechazo de la cuadriga, ya que su sentido cuádruple es un ejemplo de tal sentido múltiple.(2) Sí, el sentido verdadero y pleno de cualquier Escritura es uno solo. Estas declaraciones confesionales explícitas hacen que el empleo de la cuadriga —ya sea en su forma rehabilitada o en una integración parcial en la hermenéutica reformada confesional— no solo sea innecesariamente problemático, sino insuperable. Abogar por su uso bajo el pretexto de leer las Escrituras como lo hacían los apóstoles o de leerlas de manera cristocéntrica es, por tanto, un claro (si no deshonesto) retroceso en el compromiso confesional histórico. Después de todo, los teólogos y escritores reformados anteriores a la WCF y la 2LBCF poseían de hecho en su gramática hermenéutica el significado, la aplicación y la distinción entre el sentido múltiple y el sentido único. Estos teólogos más antiguos, como William Whitaker, e incluso los más antiguos que los influyeron, como William Tyndale, argumentaron en contra del sentido múltiple que la cuadriga concebía y no fueron menos cristocéntricos en la interpretación de las Escrituras ni menos conscientes en armonizarlas por ello.Los autores bíblicos nunca suplantan el sentido literal de la Escritura mediante sentidos espirituales impuestos externamente de manera dualista. A pesar de las actuales divagaciones metafísicas hacia visiones “gruesas” del lenguaje sustitutivo por parte de algunos defensores académicos reformados confesionales y partidarios de la viabilidad de la cuadriga como hermenéutica bíblica, la confesión mantiene su rechazo del sentido múltiple. Irónicamente, ellos quieren aplicar el concepto de que las palabras bíblicas son símbolos de cosas de manera más o menos fija, pero se apresuran a reinterpretar la negación explícita de la confesión del sentido múltiple de la Escritura para incluir la compatibilidad de la cuadriga con la confesión. El resultado es una confesión que niega y afirma el sentido múltiple al mismo tiempo. ¡Hasta ahí llega la idea de que las palabras significan cosas! Esta defensa y respaldo de la redefinición de la cuadriga como cuatro ángulos, cuatro sensibilidades o cuatro preguntas puede optar por basar superficialmente su abandono del rechazo confesional del sentido múltiple de la cuadriga en el uso figurado que hace el apóstol Pablo de “letra” y “espíritu” en 2 Corintios 3:6. Debemos recordar que existe una gran tradición de invocar rápidamente esto como un ejemplo que justifica hablar de manera vaga y superficial de una bifurcación entre el sentido literal y el sentido espiritual. Una vez hecha esta bifurcación, los sentidos espirituales de la cuadriga emergen de su letargo literal. Pero ni la confesión ni los autores bíblicos hacen tal movimiento. Los escritores modernos que defienden o respaldan la rehabilitación de la cuadriga para representar una lectura correcta de la Escritura son, en el mejor de los casos, deshonestos, y en el peor, mentirosos. Una tercera posibilidad, más generosa, es que estos eruditos sean dolorosamente superficiales, dada la historia de la negación confesional del sentido múltiple en obras polémicas teológicamente más precisas, como Una Disputa sobre la Sagrada Escritura de William Whitaker. Dado que la cuadriga manifiestamente no es confesional, esto plantea una pregunta adicional: ¿Es el uso de la cuadriga un movimiento hermenéutico racional que deben hacer tanto los instruidos como los no instruidos? ¿Producirá la cuadriga en cuanto tal el sentido verdadero y pleno de la Escritura? Siguiendo la naturaleza cuádruple de la cuadriga como hermenéutica bíblica, preguntamos: Si la interpretación bíblica debe producir un sentido cuádruple de la Escritura, ¿por qué cuatro? Eso es arbitrario. Sin embargo, no toda arbitrariedad es mala. En Estados Unidos, por ejemplo, existe una preocupación perenne por la educación histórica en las escuelas públicas. ¿Cómo pueden los maestros cubrir tanto material requerido de manera atractiva que fomente el pensamiento crítico? El Método de las Cuatro Preguntas (4QM) se desarrolló precisamente para eso y para funcionar necesariamente dentro de los límites de los estándares nacionales de educación. Las preguntas son: ¿Qué sucedió? ¿Qué pensaban ellos? ¿Por qué entonces y allí? ¿Qué pensamos nosotros al respecto? ¿Podrían haber sido diferentes estas preguntas? En última instancia, sí, podrían haberlo sido. La justificación de su arbitrariedad anidada es básicamente el contexto de los estándares educativos de secundaria y la elección de un marco que pudiera usarse para planificar, enseñar y evaluar eficazmente los cursos de historia en la escuela secundaria. La historia de la cuadriga no estuvo bajo tales limitaciones. Primero hubo una bifurcación dualista entre los sentidos literal y espiritual. Luego se añadieron otros dominios de significado a lo largo de la historia interpretativa. La vacilación entre dos y tres sentidos espirituales además del literal continuó más o menos hasta que el Doctor Angélico consolidó su significado escolástico cuádruple. A pesar de su arbitrariedad anidada —ya sea para reflejar las virtudes cristianas de fe, esperanza y amor con los sentidos espirituales de la cuadriga o, más tarde en la historia hermenéutica, para alinearse con formulaciones teológicas más profundas que la letra de la Escritura puede proporcionar—, hay que admitir que sigue siendo en última instancia arbitraria. El número total de sentidos podría ser menor o mayor si tal marco sirviera a algún otro propósito ad hoc o a ningún propósito relacionado con la interpretación. Además, si la interpretación bíblica no siempre debe producir un sentido cuádruple de la Escritura, ¿por qué no? Eso es caprichoso. Al menos la unidad didáctica del 4QM tiene que cubrir siempre las cuatro preguntas. Ni siquiera se afirma lo mismo del sentido cuádruple de la cuadriga. Nada menos que Tomás de Aquino enseñó que a veces el sentido literal era suficiente para detenerse porque ya cubría alguna verdad espiritual. Los pro-cuadriguistas protestantes dicen que no todo texto de la Escritura necesariamente siempre puede tener 4 sentidos, al igual que la palabra “set” en inglés no tiene que significar siempre sus 464 sentidos posibles cada vez que se usa. El contexto determina el significado de las palabras fuera de la Biblia, pero parece que, además del contexto, la ambivalencia y la subjetividad del intérprete proporcionan la respuesta definitiva sobre por qué la Escritura no siempre debe producir un sentido cuádruple. Este tipo de principio tiene la consecuencia de llevar a algunos cuadriguistas a admitir extrañamente que algunas porciones de la Biblia carecen de sentido espiritual. Patrick Schreiner, por ejemplo, declaró recientemente: “Creo que se puede ver el sentido espiritual en el Nuevo Testamento a veces”. Parecería, entonces, que ya sea un marco hermenéutico de dos, cuatro o más de cuatro sentidos y la interpretación de la Escritura es en última instancia arbitraria y completamente caprichosa. ¿Cómo puede mantenerse racionalmente tal método? Ningún método de hermenéutica bíblica que sea caprichoso o arbitrario es racionalmente aceptable. La cuadriga en cuanto tal queda descalificada como hermenéutica racionalmente aceptable por ser tanto caprichosa como arbitraria. Esto puede dejar el entusiasmo por el reempaquetado, redefinición, rehabilitación y recuperación de la cuadriga para los protestantes en general —y para los reformados confesionales en particular— en una posición racionalmente precaria. ¿Por qué el mismo defecto racional que afecta a la cuadriga en cuanto tal no constituiría una píldora venenosa papista para la cuadriga revivida como cuatro ángulos, cuatro sensibilidades y cuatro preguntas? Manténganse confesionales, amigos míos.
By Urban Puritano March 19, 2026
Oh, Quadriga, Qua Quadriga! The quadriga’s fourfold sense is irreconcilable with both Reformed confessional statements on the sense of Scripture and reason. While the quadriga transmogrifies the literal sense into the allegorical, tropological, and anagogical spiritual senses as the official hermeneutic of the Roman Catholic Church, some identifying as Protestant, Evangelical, and confessional are attempting a re-imagining of the quadriga as four angles , four sensitivities , or four questions. However, confessions like the WCF and the 2LBCF share verbiage to address this incompatibility . To the respective questions about whether any particular Bible passage has multiple meanings and whether any particular Bible passage has only one meaning, the confessional answers are explicit: (1) No, the true sense of Scripture is not manifold. This denial of manifold meaning necessarily includes a rejection of the quadriga since its fourfold sense is an example of of such manifold sense. (2) Yes, the true and full sense of any Scripture is one. These explicit confessional statements make employing the quadriga, whether in rehabilitated form or in partial integration into confessionally Reformed hermeneutics, not only unnecessarily problematic, but insurmountable . Advocacy for its use under the guise of reading the Scriptures as the apostles did or reading the Scriptures Christocentrically is, therefore, a definite if not dishonest downgrade in historic confessional commitment. After all, the Reformed theologians and writers prior to the WCF and the 2LBCF matter of factly possessed in their hermeneutical grammar the meaning, application, and distinction between the manifold sense and the single sense. These older theologians, like William Whitaker, and even older ones who influenced them, such as William Tyndale, argued against the manifold sense envisaged by the quadriga and were no less Christocentric in interpreting the Scriptures or no less conscientious in harmonizing the Scriptures for it. The Biblical authors never supplant the literal sense of Scripture by externally imposed interpretive spiritual senses in a dualistic fashion. Despite present day metaphysical meanderings into thick views on the surrogational view of language by some confessionally Reformed academic advocates and endorsers of the quadriga’s viability as a Biblical hermeneutic, the confession’s rejection of the manifold sense remains. They, ironically, want to apply the concept of Biblical words being symbols for things in a more or less fixed manner, but rush to reinterpret their confession’s explicit denial of the manifold sense of Scripture to include the compatibility of the quadriga with the confession. The result is a confession that denies and affirms the manifold sense! So much for the idea that words mean things. This advocacy and endorsement of the quadriga’s reframing as four angles, four sensitivities, or four questions may choose to superficially base their abandonment of the confessional rejection of the quadriga’s manifold sense on the Apostle Paul's figurative use of "letter" and "spirit" in 2 Cor. 3:16. There is, we must remember, a great tradition of quickly adducing this as an instance that justifies speaking loosely and superficially of a bifurcation of the literal sense from the spiritual sense. Once this bifurcation is made, the quadriga’s spiritual senses emerge from their literal slumber. But such a move is not made by either the confession or the Biblical authors. Modern writers advocating or endorsing the rehabilitation of the quadriga to represent a right reading of Scripture are disingenuous at best and dishonest at worst. A third possibility, more gracious, may be that these scholars are painfully superficial, given the history of the confessional denial of the manifold sense in more theologically precise polemical works such as William Whitaker’s A Disputation on Holy Scripture. Since the quadriga is manifestly not confessional, this prompts the further question: Is use of the quadriga a rational hermeneutical move to be made by either the learned or unlearned? Will the quadriga qua quadriga yield Scripture's true and full sense? Taking our cue from the fourfold nature of the quadriga as a Biblical hermeneutic, we ask: If Biblical interpretation must yield a fourfold sense of Scripture, why four? That is arbitrary. However, not all arbitrariness is bad. In the U.S., for example, there is a perennial concern for history education within the public schools. How do teachers cover so much required material in an engaging way that fosters critical thinking? The Four Question Method (4QM) was developed to do just that and to necessarily function under the strictures of national standards for education. The questions were: 1. What Happened? 2. What Were They Thinking? 3. Why Then and There? 4. What Do We Think About That? Could these questions have been different? Ultimately, yes, they could have been. The justification for their nested arbitrariness is basically the context of secondary educational standards and choosing a framework that could be used in effectively planning, teaching, and evaluating the teaching of history courses to high school students. The quadriga’s history was under no such strictures. First, there was a dualistic bifurcation of the literal and spiritual senses. Then, other domains of meaning were added throughout interpretive history. The vacillation between two and three spiritual senses in addition to the literal sense continued more or less until the Angelic Doctor solidified their quadruple scholastic significance. Despite its nested arbitrariness to either mirror the Christian virtues of faith, hope, and love with the quadriga's spiritual senses or, later in hermeneutic history, to track with deeper theological formulations than the letter of Scripture can supply, it must be admitted that it is still ultimately arbitrary. The total number of senses could be less or more if such a framework served some other ad hoc purpose or no purpose at all related to interpretation. Moreover, if Biblical interpretation must not always yield a fourfold sense of Scripture, why not? That is capricious. At least the 4QM teaching unit has to always cover all four questions. The same isn’t even claimed for the quadriga’s fourfold sense. No less than Aquinas taught that sometimes the literal sense was good enough to stop with because it covered some spiritual truth. Protestant pro-quadrigans say that every text of Scripture may not always necessarily be capable of having 4 senses just as the use of the word "set" doesn't have to mean all 464 senses it can have every time it's used. Context determines meaning for words outside the Bible, but it seems that in addition to context, ambivalence and subjectivity of the interpreter provides the ultimate answer as to why Scripture mustn't always yield a fourfold sense. This sort of principle has the consequence of leading some quadrigans to oddly admit that some portions of the Bible lack a spiritual sense. Patrick Schreiner, for example, recently stated, “I think you can see the spiritual sense in the New Testament at times.” It would seem, then, that whether two, four, or more than a fourfold hermeneutical framework and interpretation of Scripture is ultimately arbitrary and utterly capricious. How can such a method be rationally maintained? No method of Biblical hermeneutics that is either capricious or arbitrary is rationally acceptable. The quadriga qua quadriga is disqualified as being a rationally acceptable hermeneutic by being both capricious and arbitrary. This may leave enthusiasm for the repackaging, reframing, rehabilitation, and retrieval of the quadriga for Protestants in general and confessional Reformed folks, in particular, in a rationally precarious spot. Why wouldn’t the same rational defect that obtains for the quadriga qua quadriga constitute a rational, if not papist, poison pill for the quadriga revived as four angles, four sensitivities, and four questions? Stay confessional and rational , my friends.

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